El secreto bajo la manga que salvó a una joven de sus perseguidores
Anteriormente: Paula huye por su vida cuando encuentra refugio en un bar de carretera. Al mostrar un misterioso tatuaje a dos peligrosos moteros, su destino cambia para siempre.
El aire frío de la noche golpeó el rostro de Paula en cuanto cruzaron la puerta del local. El asfalto mojado reflejaba los destellos de los neones como un espejo roto. Rex la guiaba con firmeza, sujetándola del hombro con una mano que transmitía la seguridad de un muro de hormigón. Detrás de ellos, Vega vigilaba el perímetro con la tensión de quien sabe que la tormenta real no viene del cielo.
La sombra del traidor
Antes de que pudieran alcanzar las motocicletas estacionadas a un lado, unos potentes faros halógenos rompieron la oscuridad de la carretera. Un todoterreno de color negro azabache entró derrapando en el aparcamiento, levantando una cortina de agua y grava. Se detuvo en seco, bloqueando su única vía de escape. De la cabina descendió un hombre alto, vestido con una chaqueta de cuero impecable y una sonrisa que helaba la sangre. Era Marcos, el actual cabecilla de la facción disidente de los Alas de Acero, el mismo hombre que Paula sabía que había orquestado la caída de su padre.

—Vaya, vaya... pero si es la pequeña Elia —dijo Marcos con una voz cargada de veneno, mientras sus secuaces bajaban del vehículo mostrando armas bajo sus abrigos—. Sabía que vendrías a buscar a los viejos amigos de tu padre. Entréganos el diario y el colgante, y tal vez te permitamos salir de esta provincia con vida.
Rex dio un paso adelante, ocultando casi por completo la figura de Paula a la vista de Marcos. Su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su cuello parecían cuerdas de piano a punto de romperse. Vega se posicionó a su lado, empuñando una barra de hierro que había sacado de su chaleco. Sabían que las probabilidades estaban en su contra, pero la lealtad de un verdadero motero no se mide en números.
Marcos levantó lentamente una pistola, apuntando directamente al pecho de Rex. El silencio que siguió fue absoluto, roto únicamente por el ralentí del todoterreno y el azote de la lluvia. Paula sintió que el pánico la paralizaba, sabiendo que su búsqueda de justicia podría costarles la vida a los únicos hombres que aún guardaban respeto por la memoria de su familia.
”Paula sintió que el pánico la paralizaba, sabiendo que su búsqueda de justicia podría costarles la vida a los únicos hombres que aún guar…