El secreto de la flauta de madera que arruinó la boda del millonario
Anteriormente: Julián interrumpió la elegante fiesta de Arturo con una flauta de madera y una vieja fotografía en la mano. Lo que parecía una locura reveló el secreto más oscuro de una familia rota.
El precio del silencio
La revelación cayó como un balde de agua fría sobre Arturo. La copa de cristal que sostenía resbaló de sus dedos, derramando vino tinto sobre el mantel inmaculado, simulando una herida abierta. Los invitados de las mesas cercanas comenzaron a susurrar, intrigados por la escena. Sin dudarlo, Arturo se levantó bruscamente de la mesa, tomó a Julián del brazo con una fuerza insospechada y lo arrastró hacia una zona apartada del jardín, lejos de las miradas curiosas y de los fotógrafos de la prensa.
Una vez en la penumbra de los cipreses, la máscara de hombre de negocios respetable de Arturo terminó de caer. Su rostro mostraba una mezcla de pánico y furia contenida.
—¿Qué es lo que buscas con esto? ¿Quién te ha enviado a arruinar mi vida? —siseó Arturo, apretando los dientes—. Si es dinero lo que quieres para salvar a Carmen, te lo daré. Pero me vas a entregar esa flauta y esa fotografía ahora mismo. No permitiré que destruyas todo lo que he construido.
Julián lo miró con una mezcla de asco y desilusión. El hombre que tenía delante, su propio padre biológico, no sentía remordimiento por haber abandonado a una mujer embarazada hacía casi tres décadas; solo le preocupaba proteger su reputación y su imperio financiero. La flauta de madera no era un simple objeto; era la prueba de una promesa de amor eterno que Arturo había roto para casarse por conveniencia con una heredera millonaria.
—No quiero tu dinero ensangrentado —respondió Julián con firmeza, aunque su cuerpo temblaba—. Quiero que vayas al hospital y mires a mi madre a los ojos. Quiero que le pidas perdón por haberla dejado morir en vida mientras tú te escondías detrás de tus millones.
Antes de que Arturo pudiera responder, unos pasos apresurados resonaron en el sendero de piedra. Era Sofía, la joven novia e hija de Arturo, quien los había seguido preocupada por la extraña alteración de su padre. Al ver la flauta de madera en manos de Julián, Sofía se llevó una mano a la boca, ahogando un grito. Ella también reconoció el instrumento, revelando que el misterio era aún más profundo de lo que Julián imaginaba.
”Ella también reconoció el instrumento, revelando que el misterio era aún más profundo de lo que Julián imaginaba.