El secreto de la pulsera blanca que Lucía ocultaba en el hombro
El misterio en el asfalto húmedo
La noche caía sobre la ciudad como un manto espeso de niebla y frío. Bajo los destellos intermitentes de los antiguos neones del teatro, el asfalto húmedo brillaba con un tono plateado y desolador. Allí, sentada sobre el suelo húmedo, se encontraba Lucía. A sus dieciocho años, el mundo que conocía se había desmoronado en cuestión de minutos. El temblor en sus manos era tan intenso que no había podido sostener la bolsa de patatas fritas, que ahora yacía esparcida a su lado, un triste recordatorio de la normalidad que acababa de perder.
De entre la penumbra surgió la figura de Martín. Con treinta y seis años, su cabeza rapada y sus brazos cubiertos de tatuajes solían intimidar a los desconocidos, pero bajo esa apariencia ruda se escondía un protector incansable. Al ver a la joven desamparada, se arrodilló a su lado sin importarle la suciedad del suelo. Sus ojos reflejaban una preocupación genuina.

Con movimientos lentos y sumamente cuidadosos, Martín extendió la mano hacia el hombro de Lucía. Allí, sobresaliendo de su chaqueta desgastada, había una venda adhesiva que parecía ocultar algo sospechoso. Con suavidad, comenzó a despegar el adhesivo. Debajo de la venda no había una herida, sino una pulsera blanca de material plástico, idéntica a las que se utilizan en los centros médicos de alta seguridad.
Martín sostuvo la pulsera con firmeza, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Miró a la joven con una intensidad que casi rozaba el dolor.
—¿Quién te dio esto? —preguntó con una voz ronca, cargada de una sospecha que intentaba contener.
—Mi madre. Antes —susurró Lucía con un hilo de voz, incapaz de mirarlo a los ojos, sintiendo que el peso del mundo caía sobre sus hombros.
Antes de que Martín pudiera procesar la respuesta, el rugido ensordecedor de varios motores de gran cilindrada rasgó el silencio de la noche. Luces azules y rojas comenzaron a rebotar contra las paredes del teatro abandonado. La policía los estaba buscando.
—¡Al suelo! —gritó Martín con urgencia.
Con un movimiento rápido y protector, tiró de ella hacia abajo, cubriendo su cuerpo con el suyo mientras las motocicletas patrulla pasaban a toda velocidad, perdiéndose en la densa bruma del callejón.
”—gritó Martín con urgencia.Con un movimiento rápido y protector, tiró de ella hacia abajo, cubriendo su cuerpo con el suyo mientras las m…