El secreto del campo de tiro que destruyó la reputación de mi familia
El regreso de la proscrita
El sol de justicia de la meseta madrileña caía sobre el campo de tiro de Cantoblanco, pero el ambiente dentro de las instalaciones estaba helado. Claudia caminaba firme, con la mirada clavada en el horizonte y una trenza perfecta que caía sobre su espalda. Vestía una sencilla camiseta técnica verde oscuro, desprovista de los ostentosos logotipos de los patrocinadores que lucían los demás competidores. A su lado, Jacobo, el favorito de la federación y actual campeón de España, caminaba con la suficiencia de quien se sabe intocable.
De repente, una voz burlona rompió el murmullo de las gradas:

¿Ahora dejan participar a modelos en los campeonatos de tiro?
Las risas resonaron en el graderío, pero Claudia ni pestañeó. Su rostro permaneció como una máscara de piedra. Sabía a lo que venía. Se colocó en la línea de tiro, sintiendo el peso familiar de la escopeta que una vez perteneció a su padre. Con un movimiento fluido, cargó el arma, apuntó y disparó. El plato saltó por los aires y se desintegró en una nube de polvo instantánea.
En la mesa de control, Gonzalo, el veterano juez oficial, se inclinó sobre el monitor con los ojos abiertos de par en par. La precisión del disparo era perfecta, pero lo que realmente lo dejó sin aliento fue el detalle que la cámara del plano corto mostró en la culata de la escopeta: un halcón tallado en plata, el emblema de la familia de Manuel, el antiguo campeón caído en desgracia.
Jacobo se acercó a ella a paso rápido, con el rostro demudado y la respiración entrecortada. Señaló el arma con un dedo tembloroso.
Imposible. ¿De dónde has sacado ese símbolo?
Claudia se giró lentamente hacia él, sosteniendo su mirada con una intensidad que hizo retroceder al campeón.
Alguien a quien deberías haber recordado.
”¿De dónde has sacado ese símbolo?Claudia se giró lentamente hacia él, sosteniendo su mirada con una intensidad que hizo retroceder al cam…