El misterio de la cicatriz que reveló la verdad sobre el príncipe perdido
Anteriormente: Un joven humilde se enfrenta a una bestia de piedra en el coliseo, pero una marca en su cuello despierta el secreto más oscuro de la corona española.
La conspiración en la arena
El pánico se apoderó de Julián al notar la reacción del monarca. Con un gesto rápido, ordenó a los guardias reales que bajaran inmediatamente a la arena, no para salvar al joven César, sino para silenciarlo antes de que el rey pudiera descender. Sin embargo, el Rey Esteban, impulsado por una mezcla de esperanza y desesperación que no había sentido en una década, bajó corriendo las escaleras reales, apartando a sus propios cortesanos.
La bestia de piedra volvió a atacar, pero César, concentrado en la supervivencia, logró guiar al monstruo hacia una de las columnas de soporte. Con un impacto ensordecedor, la criatura quedó aturdida bajo los escombros. Fue en ese momento cuando el rey llegó a la arena, seguido de cerca por un Julián visiblemente nervioso.

¿Quién eres tú y de dónde has sacado esa marca?
Preguntó el Rey Esteban, con la voz quebrada por las lágrimas mientras contemplaba de cerca la inconfundible cicatriz en el cuello de César. Julián se interpuso rápidamente, intentando desviar la atención del monarca.
Majestad, no os dejéis engañar por este impostor. Vuestro hijo falleció en los bosques del norte hace diez años. Este vagabundo solo busca vuestra compasión y vuestro oro. ¡Guardias, ejecutadlo por traición!
Pero César no se dejó intimidar. Mirando fijamente a los ojos del rey, recordó las lecciones secretas que su padre le enseñaba en la biblioteca del palacio antes de que la traición lo apartara de su hogar. El joven pronunció una antigua frase en latín, un lema familiar que solo el rey y su heredero directo conocían. Al escuchar aquellas palabras, el Rey Esteban cayó de rodillas sobre la arena mojada, comprendiendo finalmente la terrible verdad: su hijo estaba vivo, y los traidores habían estado a su lado todo este tiempo.
”Al escuchar aquellas palabras, el Rey Esteban cayó de rodillas sobre la arena mojada, comprendiendo finalmente la terrible verdad: su hij…