Traición · Historia

Mi jefe intentó destruirme por un secreto, pero Asuntos Internos tenía otros planes

Mi jefe intentó destruirme por un secreto, pero Asuntos Internos tenía otros planes — Parte 1
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Tensión en la Comisaría

La sala de descanso de la comisaría estaba sumida en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el zumbido constante de las luces fluorescentes. En las paredes, las banderas oficiales y los tablones de corcho llenos de notas de servicio parecían testigos mudos de una tormenta inminente. El inspector Jaime, un veterano de cincuenta años vestido con un traje negro impecable, gesticulaba con violencia. Su rostro, surcado por la ira, apuntaba directamente hacia Mateo, un joven agente de apenas veintidós años que permanecía sentado al otro lado del escritorio.

¡No tienes ningún derecho a estar aquí! ¡Fuera de mi vista ahora mismo!

El grito de Jaime resonó por el pasillo exterior, haciendo que varios oficiales detuvieran sus labores. Sin embargo, Mateo no se inmutó. Vestido con una sencilla camisa oscura, el joven policía mantuvo una postura estoica, sosteniendo la mirada gélida de su superior sin parpadear. Para Mateo, el respeto no se ganaba con gritos, sino con integridad, una cualidad que sospechaba que Jaime había perdido hacía mucho tiempo.

La confrontación física parecía inevitable hasta que la pesada puerta de madera se abrió con firmeza. El capitán del distrito, un hombre de cabello canoso y uniforme impecable, entró en la habitación. En su mano derecha sostenía un sobre de manila de tamaño oficio. En el centro, unas letras grandes y negritas revelaban el origen del documento: Asuntos Internos.

El capitán no pronunció palabra. Con un gesto seco, extrajo los documentos oficiales y se los entregó a Jaime, transfiriéndole temporalmente la responsabilidad de la investigación en curso, bajo la atenta y sospechosa mirada de Mateo. El inspector se sentó lentamente, intentando recuperar la compostura, pero la tensión en el aire era tan densa que casi podía cortarse con un cuchillo. Mateo, con parsimonia, deslizó una carpeta firmada sobre el escritorio, devolviéndole el golpe psicológico a un Jaime que lo observaba con una desconfianza letal.

Mateo, con parsimonia, deslizó una carpeta firmada sobre el escritorio, devolviéndole el golpe psicológico a un Jaime que lo observaba co…