Secretos de familia · Ficción breve

El secreto del lobo que me salvó de un hombre despiadado

El secreto del lobo que me salvó de un hombre despiadado — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Abi descubrió que el hombre con el que viajaba no era su padre, un misterioso motero y un viejo parche de lobo se convirtieron en su única esperanza de sobrevivir.

El nombre de Rosa pareció golpear a Kane como un impacto físico. Sus ojos, antes cautelosos, se encendieron con una furia contenida que transformó por completo su imponente presencia. Con un movimiento pausado pero cargado de una fuerza arrolladora, se puso de pie, interponiéndose como un muro insalvable entre Abi y el hombre que se acercaba.

La máscara se cae

Lucas se detuvo a un par de metros de la mesa. Su fingida amabilidad se evaporó al instante, revelando una expresión de pura hostilidad. Su mano derecha se deslizó con rapidez hacia el interior de su abrigo verde.

El secreto del lobo que me salvó de un hombre despiadado
No sé qué te está contando esta niñata, pero te aconsejo que te metas en tus asuntos si valoras tu vida —amenazó Lucas, mostrando los dientes en una mueca de desprecio.

Kane no se movió un ápice. Sus puños se apretaron a los lados de su cuerpo, y su voz resonó con la autoridad de quien ha regresado del mismísimo infierno.

Sé perfectamente quién eres, Lucas. Hace diez años destruiste la vida de Rosa y te llevaste lo que más quería para vengarte de nuestra hermandad. Pero hoy se te ha acabado la suerte —declaró Kane, su voz resonando en todo el local.

Al verse descubierto y acorralado en aquella cafetería perdida, la desesperación se apoderó de Lucas. Con un movimiento rápido y desesperado, extrajo una navaja automática de su abrigo, cuya hoja brilló amenante bajo las luces fluorescentes del techo.

¡Ella me pertenece! ¡Es mi seguro de vida! —gritó Lucas, perdiendo por completo los estribos mientras se abalanzaba hacia Kane con el arma en alto.

Los pocos clientes de la cafetería gritaron de terror y buscaron refugio bajo las mesas. Abi se encogió en el reservado, tapándose la boca para no gritar, viendo cómo el peligro mortal se cernía sobre el único hombre que podía salvarla.

Pero Kane estaba preparado para este momento desde hacía una década. Con una agilidad sorprendente para su tamaño, esquivó la primera estocada de Lucas, sujetando su muñeca armada con una fuerza comparable a una prensa de acero. El crujido de los huesos resonó en el tenso silencio de la cafetería.

El crujido de los huesos resonó en el tenso silencio de la cafetería.