Secretos de familia · Historia

El secreto del motero de la cicatriz que mi madre me juró encontrar

El secreto del motero de la cicatriz que mi madre me juró encontrar — Parte 2
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Anteriormente: Marta pasó toda su vida en silla de ruedas buscando al misterioso hombre de la cicatriz. Cuando finalmente lo encuentra en un bar de carretera, un oscuro secreto familiar sale a la luz.

La verdad desenterrada

La respiración de Jaime se volvió pesada, casi asmática. Miraba la tarjeta como si sostuviera un fantasma entre sus manos curtidas por la grasa de motor. Levantó la vista hacia Marta, buscando en sus facciones los rasgos de la mujer que una vez amó en secreto.

—¿De dónde has sacado esto? —preguntó Jaime, con una voz que era un rugido ahogado por el dolor—. ¿Dónde está Lucía?

—Ella falleció hace diez años, en el hospital —respondió Marta, con las lágrimas desbordando finalmente sus ojos—. Pero antes de irse, me dio esta tarjeta. Me dijo que tú eras el único que podía explicarme qué pasó la noche del accidente que me dejó en esta silla.

El secreto del motero de la cicatriz que mi madre me juró encontrar

Jaime se levantó de golpe, tirando la silla hacia atrás con un estrépito que hizo que todos en el café se sobresaltaran. Sus ojos inyectados en sangre no miraban a Marta, sino a Arturo, que en ese momento intentaba deslizarse sigilosamente hacia la puerta de salida.

—¡Tú! —rugió Jaime, señalando al anciano con un dedo acusador—. ¡No te atrevas a dar un paso más, cobarde! ¡Tú cortaste los frenos del coche de Lucía!

El café quedó sumido en un silencio sepulcral. Marta miró a Arturo, el hombre que la había visto crecer, el supuesto amigo de la familia que siempre les llevaba comida y las ayudaba con las facturas. La abuela Helena se derrumbó sobre una de las mesas, llorando desconsoladamente.

—Perdóname, Marta —sollozó Helena—. Arturo nos amenazó. Dijo que si hablábamos, nos haría daño a ti y a mí. Tuve que callar para protegerte. Tu madre sabía la verdad, por eso te dio esa tarjeta antes de que él la silenciara para siempre.

El horror se apoderó de Marta. El hombre que consideraba su protector era en realidad el monstruo que había destruido su familia y truncado sus piernas.

El hombre que consideraba su protector era en realidad el monstruo que había destruido su familia y truncado sus piernas.