El secreto del motero: la verdad sobre el padre que creía enterrado
Anteriormente: Martín, un rudo motero, se quiebra por completo en un bar de carretera de Segovia cuando una joven de vestido azul le revela que su mejor amigo, a quien enterró hace años, podría seguir vivo.
La mentira de las dos décadas
El silencio que siguió a la palabra de la joven fue más ensordecedor que el rugido de cualquier motor. Martín se quedó inmóvil, observando cómo la chica se deslizaba con suavidad en el asiento de vinilo frente a él. De su bolso de tela, extrajo un objeto pequeño que colocó sobre la mesa con delicadeza. Era un viejo encendedor de plata, desgastado por el uso, con las iniciales D. A. grabadas a mano en la base. El mismo encendedor con el que Diego encendía sus cigarrillos antes de emprender cada viaje.
—Mi nombre es Lucía —dijo ella, mirándolo fijamente—. Y mi padre, Diego Alanza, está vivo. Fingió su muerte hace veinte años porque era la única manera de protegerme a mí... y de mantenerte a ti a salvo de la ira del club.

Martín sintió que el mundo giraba a su alrededor. Él mismo había estado en el funeral. Había ayudado a cavar la fosa tras aquel trágico accidente en la sierra, donde el cuerpo de Diego quedó supuestamente irreconocible. La traición y la confusión luchaban en su interior. ¿Cómo podía haber vivido una mentira tan grande? ¿Por qué su hermano de sangre le ocultaría algo así?
—¿De quién huía? —preguntó Martín, con los puños apretados sobre la mesa.
—De Eladio —respondió Lucía sin titubear—. Mi padre descubrió que Eladio estaba utilizando las rutas del club para traficar con mercancía peligrosa y que planeaba culparos a ti y a él si las cosas salían mal. Cuando Diego intentó denunciarlo, Eladio saboteó su moto. Mi padre sobrevivió por milagro, pero comprendió que si volvía, ambos acabaríais bajo tierra. Por eso fingió su muerte con la ayuda de un médico aliado.
La revelación cayó como una bomba sobre Martín. Eladio, el hombre al que había servido con lealtad ciega durante dos décadas, el actual presidente del club, era el monstruo que había destruido su vida. Antes de que Martín pudiera procesar la rabia, un potente haz de luz barrió el ventanal del bar de carretera. Tres pesadas motocicletas se detuvieron en el exterior, sus motores roncando como bestias hambrientas. Eran los hombres de confianza de Eladio, liderados por su lugarteniente. Los habían seguido.
”Eran los hombres de confianza de Eladio, liderados por su lugarteniente. Los habían seguido.