El secreto del parche de lobo que salvó a mi hija de un destino terrible
Anteriormente: Sara huye de un hombre peligroso que dice ser su padre. Al ver un parche de lobo en el chaleco de un desconocido, su destino cambia para siempre.
Un nuevo comienzo
A pesar de la superioridad numérica, la furia de Gabriel era imparable. Con la fuerza de quien defiende lo más sagrado, derribó al primer atacante contra una de las mesas de skay rojo y desarmó a César con un movimiento rápido y certero que le fracturó la muñeca. El segundo cómplice, al ver a su jefe derrotado y adolorido en el suelo, decidió que la recompensa no valía el riesgo y huyó despavorido hacia la carretera.
Pocos minutos después, las sirenas de la Guardia Civil comenzaron a escucharse a lo lejos, cortando el silencio de la noche castellana. César y su secuaz herido fueron retenidos por el dueño del local hasta que las patrullas llegaron para llevárselos esposados. El peligro había pasado, pero el temblor en el cuerpo de Sara no disminuía.

Gabriel se volvió hacia ella. Sus ojos, antes duros como la piedra, estaban empañados por las lágrimas. Con manos temblorosas, buscó en el bolsillo interior de su chaleco de cuero y extrajo una billetera gastada. De ella sacó una fotografía idéntica a la que Rosa le había dado a Sara antes de morir. En la imagen, una joven Rosa sonreía abrazada a Gabriel, ambos jóvenes y llenos de vida.
—Tu madre y yo tuvimos que separarnos para mantenerte a salvo —explicó Gabriel con la voz entrecortada—. Prometí que si alguna vez me encontrabas, daría mi vida por ti. No soy tu padre biológico, Sara, pero fui el hombre que te sostuvo al nacer y juró ante Dios que te protegería siempre. Estás a salvo ahora.
Sara rompió a llorar, pero esta vez de puro alivio. Se arrojó a los brazos del gigante barbudo, sintiendo por primera vez en años el calor y la seguridad de un verdadero hogar. La promesa de su madre se había cumplido: el lobo la había salvado de la oscuridad.
Al final, la verdadera familia no siempre está unida por la sangre, sino por aquellos lazos indestructibles que el tiempo, la distancia y los peligros del mundo jamás lograrán romper.


