Secretos de familia · Historia

El secreto del pasado que un niño desesperado trajo a mi bar de moteros

El secreto del pasado que un niño desesperado trajo a mi bar de moteros — Parte 2
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Anteriormente: Cuando un niño de once años entra corriendo a un peligroso bar de moteros en busca de ayuda, el rudo Brock descubre que el pasado que intentó enterrar ha vuelto para cobrarse una última deuda.

El asedio al santuario

Los moteros del club reaccionaron al instante, deslizando los pesados cerrojos de hierro sobre las puertas de madera justo cuando el estruendo de varios motores de gran cilindrada se detuvo en el exterior. El silencio que siguió fue sepulcral, roto únicamente por los sollozos contenidos de Hugo, a quien Brock había escondido detrás de la barra bajo la protección de su camarero más fiel.

Un golpe brutal sacudió la entrada principal, haciendo que la madera crujiera bajo la fuerza del impacto. Desde el otro lado, una voz áspera y familiar que Brock reconoció de inmediato rompió la tensión.

El secreto del pasado que un niño desesperado trajo a mi bar de moteros
—¡Abre la puerta, Brock! Sabemos que el cachorro de Juan Vega está ahí dentro —gritó Mateo, un peligroso cobrador de deudas del submundo criminal que no conocía la piedad—. Entréganos al chico y nadie saldrá herido.

Brock se acercó a la puerta con paso firme, sosteniendo con fuerza su escopeta de cañón recortado. Sabía perfectamente quién era Mateo y la crueldad de la que era capaz. También sabía que Juan Vega no habría enviado a su hijo a este lugar a menos que fuera su último recurso absoluto.

—Este es mi territorio, Mateo —respondió Brock con voz de trueno—. Aquí no entra nadie sin mi permiso, y mucho menos para llevarse a un niño. Da media vuelta si valoras tu vida.

Una risa gélida se escuchó desde el exterior, seguida del sonido metálico de armas de fuego al cargarse.

—Ese mocoso tiene algo que nos pertenece, Brock. Su padre nos robó una fortuna antes de desaparecer, y esa moneda de oro que lleva es la llave para recuperarla —reveló Mateo con malicia—. Si no nos lo entregas en cinco minutos, prenderemos fuego al bar contigo y con tus hombres dentro.

Brock miró hacia la barra. El pequeño Hugo sostenia la moneda dorada contra su pecho, con los ojos llenos de lágrimas pero con una determinación asombrosa. El destino del club y la vida de todos los presentes pendían de un hilo muy delgado.

El destino del club y la vida de todos los presentes pendían de un hilo muy delgado.