El secreto del sobre marrón que cambió el destino de la cadete Castro
El susurro del crepúsculo
El sol se ocultaba detrás de las colinas de la base militar de Rota, tiñendo el cielo de un tono violáceo y sombrío. El viento soplaba con una frialdad cortante, agitando con fuerza la bandera que ondeaba en el mástil lejano. Para la cadete Elena Castro, el campo de tiro a esa hora era el único lugar donde encontraba paz. Con el fusil perfectamente apoyado sobre el trípode, ajustaba su respiración con la disciplina que solo los mejores soldados lograban dominar.
De repente, el silencio del crepúsculo se vio interrumpido por el sonido de unas botas militares aproximándose sobre la grava húmeda. Elena no necesitó girar la cabeza para saber de quién se trataba. El andar firme y pesado pertenecía al coronel Alejandro Vargas. Vestido con su impecable uniforme verde oscuro, el veterano oficial se detuvo a pocos pasos de ella. Su rostro, marcado por los años de servicio, no mostraba emoción alguna, solo una rigidez que helaba la sangre.

«Castro», pronunció el coronel con una voz madura, formal y carente de cualquier calidez.
Elena dejó el arma con cuidado y se puso inmediatamente en posición de firmes, clavando su mirada al frente con respeto reglamentario. Vargas no devolvió el saludo. En su lugar, levantó la mano derecha, que sostenía un sobre de color marrón oscuro. Con movimientos lentos y calculados, casi ceremoniales, el oficial rompió el sello, abrió el sobre y extrajo un documento oficial impreso en papel timbrado.
La cadete mantuvo la compostura exterior, pero en su interior el corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía que ese sobre no contenía una orden de servicio rutinaria. El coronel Vargas la miró fijamente a los ojos, con una intensidad que parecía querer leer sus pensamientos más profundos antes de revelar el contenido que cambiaría su vida para siempre.
”El coronel Vargas la miró fijamente a los ojos, con una intensidad que parecía querer leer sus pensamientos más profundos antes de revela…