El secreto familiar que me salvó de las garras de mi propio esposo
Anteriormente: Cuando Mateo me agredió en el patio de la mansión, pensé que todo estaba perdido. Pero la oportuna aparición de Andrés desenterró un secreto familiar que lo cambiaría todo para siempre.
Secretos desenterrados del pasado
Mientras Clara se refugiaba en el pecho de Andrés, sintiendo los latidos firmes de su salvador, Mateo logró incorporarse lentamente. Se limpió un hilo de sangre de la comisura de la boca con el reverso de su traje gris carbón, con una mirada cargada de odio y resentimiento.
¿Quién te crees que eres, viejo estúpido? Estás en mi propiedad. Voy a hacer que te pudras en la cárcel por esto.
Andrés no se amedrentó. Se colocó delante de Clara y Selena, sirviendo como un escudo humano inquebrantable. Su mirada era de una serenidad imponente, la de alguien que había esperado ese momento durante décadas.

Esta mansión nunca ha sido tuya, Mateo. Y el único que terminará tras las rejas eres tú por lo que le has hecho a esta familia.
Selena, pálida y temblorosa, dio un paso adelante. Sus ojos estaban fijos en el rostro del anciano. La confusión se reflejaba en cada facción de su rostro.
¿Andrés? No puede ser... Mi padre nos dijo a Clara y a mí que habías fallecido en un accidente de coche hace veinte años.
Andrés suspiró con amargura, sacando del interior de su abrigo un fajo de documentos notariales amarillentos pero perfectamente conservados.
Vuestro padre os mintió, hijas mías. Él y Mateo conspiraron para apartarme del camino, falsificando el testamento de vuestro abuelo. Me amenazaron con destruir vuestras vidas si no desaparecía. Pero he vuelto para poner fin a esta farsa.
Mateo palideció al ver los papeles oficiales. Sin embargo, su instinto de supervivencia criminal afloró rápidamente. Sacó su teléfono móvil con dedos temblorosos y marcó un número de emergencia.
¿Policía? Quiero reportar un asalto violento y un intento de secuestro en la mansión de los Toledo. Los sospechosos siguen aquí... ¡Dense prisa!
Con una sonrisa cínica, Mateo guardó el teléfono. Miró a Clara con desprecio, amenazándola con arrebatarle a su futuro hijo usando sus influencias legales. El pánico volvió a apoderarse del ambiente.
”El pánico volvió a apoderarse del ambiente.