Secretos de familia · Historia

El secreto militar que salvó a Clara de las garras de su prometido violento

El secreto militar que salvó a Clara de las garras de su prometido violento — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Lucas mostró su verdadera y violenta naturaleza durante la mudanza, Clara pensó que no tenía escapatoria. Pero la inesperada aparición de su tío, el coronel Martínez, desenterró un oscuro secreto familiar.

Secretos bajo el uniforme

Clara observaba la escena sin poder articular palabra. El silencio que siguió al forcejeo solo era interrumpido por la respiración agitada de Lucas, cuyo rostro estaba presionado contra el suelo. El coronel Martínez, manteniendo una calma profesional, sacó un par de bridas de seguridad de su chaqueta y aseguró las manos de Lucas a la espalda antes de permitirle incorporarse de rodillas.

—¿Qué está pasando, tío? —consiguió preguntar Clara, con la voz trémula—. ¿Por qué llevas el uniforme? ¿Por qué tratas a Lucas como a un criminal?

El secreto militar que salvó a Clara de las garras de su prometido violento

El coronel Martínez miró a su sobrina con una mezcla de compasión y severidad. Luego, con un gesto rápido, señaló una de las cajas de cartón que Lucas había estado protegiendo con tanto celo durante toda la mañana.

—Este hombre no es el contable honrado que te hizo creer, Clara —explicó el coronel, con voz grave—. Llevamos meses rastreando una red de desvío de fondos e información confidencial dentro del ministerio de Defensa. Tu prometido es el enlace clave que se encargaba de sacar los documentos del país.

Lucas soltó una carcajada amarga, escupiendo un hilo de sangre sobre el suelo.

—No tienes pruebas de nada, viejo —provocó Lucas—. Solo eres un militar retirado jugando a los espías. No puedes detenerme así.

—Tengo todas las pruebas que necesito en esa caja —respondió Martínez, acercándose al embalaje y rasgando la cinta con un cuchillo táctico. Al abrirla, reveló fajos de billetes y varios pasaportes falsos con la fotografía de Lucas, pero con diferentes nombres oficiales.

Sin embargo, lo que verdaderamente paralizó el corazón de Clara no fue el dinero ni las identidades falsas. En el fondo de la caja, dentro de una carpeta de cuero negro con el sello oficial del Estado, había una fotografía reciente de un hombre de mediana edad en un despacho extranjero. Clara ahogó un grito. Era su padre, el teniente coronel Alejandro Martínez, a quien la familia había llorado durante diez años tras ser declarado muerto en una misión secreta.

—¿Papá? —susurró Clara, sintiendo que el mundo se desmoronaba—. Tío... ¿por qué está aquí la foto de mi padre? Él murió...
—Eso es lo que querían que creyeras, Clara —dijo Lucas con una sonrisa maliciosa desde el suelo—. Tu querido padre nunca murió. Él es quien me paga.

Tu querido padre nunca murió. Él es quien me paga.