Secretos de familia · Ficción breve

El secreto oculto del club de moteros que salvó la vida de mi pequeño Elías

El secreto oculto del club de moteros que salvó la vida de mi pequeño Elías — Parte 2
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Anteriormente: Cuando el pequeño Elías entró desesperado al peligroso club de moteros de Jairo, nadie esperaba que el nombre de su padre desenterrara un doloroso secreto del pasado que lo cambiaría todo.

Fantasmas del pasado

El silencio que siguió al estruendo de la taza fue sepulcral. Juan Vega había sido el cofundador de los Halcones, el hermano de sangre de Jairo, supuestamente fallecido en un trágico accidente automovilístico ocho años atrás. Ninguno de los presentes podía creer lo que escuchaba, pero la mirada del pequeño Elías poseía la misma chispa indomable que la de su antiguo compañero.

Para disipar cualquier duda, el niño metió la mano bajo su empapada camiseta y sacó una medalla de plata oxidada. Jairo la tomó con manos temblorosas; era la insignia original del club, una pieza única que solo Juan poseía. En ese instante, Jairo comprendió que su mejor amigo no solo había fingido su muerte para protegerlos de una peligrosa organización criminal, sino que ahora su hijo corría un peligro mortal.

El secreto oculto del club de moteros que salvó la vida de mi pequeño Elías

Antes de que pudieran hacer más preguntas, un potente destello de luces largas iluminó los ventanales del club. El chirrido de unos neumáticos sobre la grava exterior confirmó que el peligro había llegado. Dos hombres corpulentos, vestidos con impecables trajes oscuros y rostros carentes de cualquier rastro de humanidad, entraron al local sin llamar. No eran policías; eran cobradores de deudas de la peor calaña.

—Entregad al mocoso y nadie saldrá herido —dijo el más alto, acariciando el interior de su chaqueta donde ocultaba un arma de fuego—. Su padre nos debe algo muy valioso, y el chico es nuestra única garantía.

Instintivamente, los gigantescos moteros se colocaron delante de Elías, formando una muralla infranqueable de cuero y músculos. Jairo dio un paso al frente, con una sonrisa desafiante que helaba la sangre. La lealtad de los Halcones de Asfalto no se vendía, y menos cuando se trataba de la sangre de un hermano.

—Estáis en el territorio equivocado —declaró Jairo con firmeza—. En este club no entregamos a los nuestros. Si queréis al chico, tendréis que pasar por encima de todos nosotros.

Si queréis al chico, tendréis que pasar por encima de todos nosotros.