El secreto tras la cicatriz del motorista que cambió mi vida para siempre
Anteriormente: Marta siempre creyó que su padre la había abandonado tras el accidente que la dejó en silla de ruedas, pero una misteriosa tarjeta y un motorista con una cicatriz revelarán la verdad.
Secretos desenterrados
Al dar la vuelta a la tarjeta, la respiración de Jaime se cortó por completo. Era una vieja fotografía polaroid. En ella, una versión mucho más joven de sí mismo abrazaba a Laura, la madre de Marta, bajo el sol de un verano que parecía pertenecer a otra vida. Detrás, con la caligrafía apresurada de Laura, se leía un mensaje de amor eterno y desesperación. Jaime acarició la imagen con la yema de su pulgar, con una ternura que contrastaba con su imponente y rudo aspecto de motero.
—Mi madre dijo que si algún día encontraba al hombre con esa cicatriz... sabría la verdad sobre mi pasado —susurró Marta, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
Antes de que Jaime pudiera responder, la puerta de la cafetería se abrió de golpe. Arturo, el tío de Marta y el hombre más poderoso de la comarca, entró con paso firme. Su elegante traje gris parecía fuera de lugar en aquel tugurio de carretera. Su rostro, habitualmente impasible, estaba desfigurado por una mezcla de rabia y temor.

—¡Apártate de ella, bastardo! —rugió Arturo, colocándose entre Marta y el motorista—. Te advertí hace veinte años que si volvías a pisar este pueblo, acabarías bajo tierra. ¿Es que no tuviste suficiente con matar a mi hermana?
Jaime se levantó lentamente de la silla. Su estatura física y su presencia eclipsaron de inmediato la arrogancia de Arturo. No había miedo en sus ojos, solo un desprecio acumulado durante dos décadas de injusticia y silencio obligado.
—No le tengo miedo a tus mentiras, Arturo —respondió Jaime con una voz grave que resonó en todo el local—. Durante veinte años me culpaste del accidente que mató a Laura y dejó a mi hija en esta silla. Me amenazaste con la cárcel y con la muerte si no me marchaba. Pero ambos sabemos quién saboteó el coche de mi mujer.
Marta miró a su tío, sintiendo cómo un frío glacial le recorría la columna vertebral al escuchar aquella terrible acusación.
”Pero ambos sabemos quién saboteó el coche de mi mujer.Marta miró a su tío, sintiendo cómo un frío glacial le recorría la columna vertebra…