Traición · Ficción breve

Ella destruyó su entrevista por dinero y él descubrió el oscuro secreto de su madre

Ella destruyó su entrevista por dinero y él descubrió el oscuro secreto de su madre — Parte 2
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Anteriormente: Mateo estaba a punto de cumplir su sueño, pero Sofía lo arruinó por quinientos dólares. Cuando él investigó, descubrió que el plan era mucho más grande y que su propia madre estaba involucrada.

La verdad que no quería ver

Mateo pasó toda la noche dando vueltas en la cama, sin poder dormir. La idea de que su madre estuviera detrás de todo era absurda, pero la dirección IP no mentía. Al amanecer, decidió confrontarla. Tomó su coche y condujo hasta la casa de Elena, un pequeño apartamento en el barrio donde había crecido.

Al llegar, encontró a su madre preparando café en la cocina, con su bata de flores y el cabello recogido. «Mateo, qué sorpresa. ¿No tenías entrevista hoy?», preguntó Elena, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Ella destruyó su entrevista por dinero y él descubrió el oscuro secreto de su madre

«La cancelaron», dijo Mateo, sentándose en la mesa. «Y quiero saber por qué».

Elena dejó de remover el café y lo miró fijamente. «¿Qué quieres decir, hijo?».

«Encontré mensajes en el teléfono de Sofía. Alguien llamado Ricardo le pagó quinientos dólares para que cancelara mi entrevista. Y esos mensajes fueron enviados desde tu computadora».

Elena guardó silencio por un momento, y luego suspiró. «Siéntate, Mateo. Tenemos que hablar».

Mateo obedeció, sintiendo un nudo en el estómago. Su madre se sentó frente a él y tomó sus manos entre las suyas. «Yo no quería que fueras a esa entrevista, Mateo. No quería que aceptaras ese puesto».

«¿Por qué?», preguntó Mateo, sintiendo que su voz se quebraba.

«Porque Westbridge Logistics no es lo que parece», dijo Elena, con un tono grave. «Hace veinte años, trabajé para ellos como enfermera en su sede de aquí. Vi cosas que no debería haber visto».

Mateo la miró, confundido. «¿De qué estás hablando, mamá?».

Elena respiró hondo y comenzó a contar su historia. «Cuando tu padre nos dejó, tuve que buscar trabajo urgente. Westbridge tenía un programa de salud para sus empleados y me contrataron. Al principio era un trabajo normal, pero pronto empecé a notar que algo andaba mal. Había pacientes que llegaban con heridas que no eran accidentales, y siempre los atendían en un área restringida. Un día, entré por error a una de esas habitaciones y vi a un hombre que estaba siendo interrogado. No por la policía, sino por gente de la empresa».

Mateo escuchaba, incrédulo. «¿Estás diciendo que Westbridge es... qué? ¿Una organización criminal?».

«No lo sé con certeza, pero sé que tienen conexiones peligrosas», dijo Elena. «Cuando intenté denunciarlo, me amenazaron. Me dijeron que si hablaba con alguien, le harían daño a mi familia. Por eso no quise que aceptaras ese trabajo. No quería que te metieras en ese lío».

Mateo sintió que su cabeza daba vueltas. «Pero, mamá, ¿por qué no me lo contaste antes?».

«Tenía miedo de que no me creyeras», confesó Elena, con lágrimas en los ojos. «Y cuando vi que te habían llamado para la entrevista, entré en pánico. Conocí a un hombre que trabajaba en recursos humanos, Ricardo, y le pedí ayuda. Él me dijo que podía cancelar tu entrevista sin que te hicieran daño, pero que debía ser secreto».

Mateo se levantó y comenzó a caminar por la cocina. «Entonces, ¿todo esto fue para protegerme?», preguntó, con la voz cargada de emociones.

«Sí, hijo. Lo hice para protegerte», dijo Elena. «Pero me equivoqué al usar a Sofía. No debí involucrarla».

Mateo recordó los mensajes de Sofía y sintió una punzada de traición. «Sofía me vendió por quinientos dólares, mamá. Eso no es protegerme, es traicionarme».

Elena bajó la cabeza. «Lo sé. Pero ella no sabía la verdad. Le dije que era un problema de trabajo, que necesitaba que cancelaras la entrevista para que no te descubrieran en algo. Ella creyó que te estaba ayudando».

Mateo no sabía qué pensar. Por un lado, entendía que su madre había actuado por miedo, pero por otro, no podía perdonar que hubiera arruinado su oportunidad sin consultarle. «Necesito tiempo para procesar esto», dijo, y salió de la casa.

La conspiración se revela

De vuelta en su apartamento, Mateo decidió investigar a Westbridge Logistics por su cuenta. Buscó en internet y encontró varios artículos sobre la empresa, pero ninguno mencionaba nada ilegal. Sin embargo, recordó que su madre había mencionado a Ricardo, y decidió buscarlo en las redes sociales.

Después de varias horas de búsqueda, encontró un perfil de un hombre llamado Ricardo Márquez, que trabajaba en recursos humanos de Westbridge. Pero cuando Mateo le envió un mensaje, Ricardo respondió con un tono evasivo. «No puedo hablar contigo, Mateo. Lo siento».

Mateo no se rindió. Decidió ir a la oficina de Westbridge y pedir hablar con Ricardo directamente. Esta vez, la recepcionista lo reconoció y lo llevó a una oficina en el segundo piso. Allí, un hombre de unos cincuenta años, con traje gris y gafas, lo esperaba.

«Mateo, siéntate», dijo Ricardo, señalando una silla. «Sé por qué estás aquí».

«Mi madre me contó todo», dijo Mateo. «Quiero saber la verdad».

Ricardo suspiró y se quitó las gafas. «Tu madre te contó una parte de la historia, pero no toda. Es cierto que Westbridge tiene un lado oscuro, pero no es lo que ella cree. Hace veinte años, la empresa estaba bajo el control de un hombre llamado Alejandro, que utilizaba la compañía para lavar dinero. Tu madre descubrió algo que no debía, y Alejandro la amenazó para que guardara silencio. Pero Alejandro está muerto ahora, y yo he estado tratando de limpiar la empresa desde entonces».

Mateo lo miró, sorprendido. «¿Entonces por qué cancelaron mi entrevista?».

«No la cancelamos nosotros», dijo Ricardo. «La canceló alguien que quería evitar que aceptaras el puesto. Cuando vi el correo de cancelación, supe que algo andaba mal. Investigué y descubrí que tu madre estaba detrás. Pero también encontré algo más: alguien dentro de la empresa estaba usando tu candidatura para encubrir una estafa. Querían que aceptaras el puesto para luego culparte de algo que no habías hecho».

Mateo sintió que su corazón se aceleraba. «¿Una estafa? ¿De qué hablas?».

«Hay un grupo de empleados que está desviando fondos de la empresa», explicó Ricardo. «Necesitaban un chivo expiatorio, y tu perfil era perfecto. Eras nuevo, no conocías los procedimientos, y tenías una motivación clara: el dinero. Por eso te llamaron para la entrevista. Pero cuando tu madre canceló todo, el plan se vino abajo».

Mateo no sabía si creerle. «¿Y por qué debería confiar en ti?».

«Porque quiero detenerlos», dijo Ricardo. «Y necesito tu ayuda. Si aceptas trabajar conmigo de manera encubierta, podremos atrapar a los culpables y limpiar el nombre de tu madre».

Mateo dudó, pero algo en la mirada de Ricardo le transmitía sinceridad. «¿Y qué hay de Sofía?», preguntó.

«Ella fue manipulada», dijo Ricardo. «Pero tendrás que decidir si puedes perdonarla».

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«Pero tendrás que decidir si puedes perdonarla».