Estaba encerrada por un crimen ajeno, hasta que mi peor enemiga cruzó ese patio
Anteriormente: Estela pensó que la cárcel de Cruz del Sur sería su tumba tras ser traicionada. Pero cuando Beatriz cruzó el patio, entendió que el destino le daba una última oportunidad para cobrarse la verdad.
La sombra de la traición
La adrenalina de la pelea aún corría por mis venas cuando dos guardias me arrastraron por los fríos pasillos de baldosas grises. Esperaba que me arrojaran a las celdas de castigo, un pozo oscuro donde la luz del sol era un lujo. Sin embargo, se detuvieron ante la puerta de madera noble de la dirección. Al empujarme al interior, el aire acondicionado me golpeó el rostro, pero lo que realmente me heló la sangre fue la figura sentada frente al escritorio.
No era el director de la prisión quien llevaba la voz cantante. Era Sofía, mi hermana menor. Vestía un elegante traje de sastre y lucía joyas que brillaban con una opulencia obscena. A su lado, el director de la cárcel sonreía con una sumisión asquerosa, como un perro que espera su recompensa. No podía creer lo que mis ojos veían. Sofía, la niña por la que me había culpado de un homicidio involuntario para evitarle la cárcel, estaba allí, libre y poderosa.

—Hola, Estela. Veo que sigues siendo tan impulsiva como siempre —dijo Sofía, con una frialdad que me desgarró el alma—. Pensabas que Beatriz era tu enemiga, pero ella solo trabaja para mí.
El director deslizó un documento oficial sobre la mesa de caoba. Sofía lo señaló con una uña perfectamente manicurada. Era una confesión firmada donde yo asumía toda la responsabilidad del desfalco de las cuentas familiares, un desfalco que ella misma había provocado antes de huir con el dinero del seguro de nuestra difunta madre.
—Firma esto, hermanita —ordenó Sofía sin un ápice de remordimiento—. Si lo haces, Beatriz te dejará en paz. Si no... bueno, el patio de esta prisión puede ser un lugar muy peligroso para una mujer sola.
Miré el papel y luego a mi hermana. La traición era absoluta. Me habían utilizado, me habían despojado de mi libertad y ahora querían enterrarme de por vida en un módulo de máxima seguridad para limpiar sus propios nombres. El bolígrafo pesaba como el plomo en mis manos.
”El bolígrafo pesaba como el plomo en mis manos.