Me encerraron por un crimen que no cometí y ahora intentan silenciarme para siempre
Anteriormente: Sara pensó que sobrevivir en prisión sería su mayor reto, pero cuando su peor enemiga la acorrala en el patio, descubre una verdad que lo cambia todo.
La sombra de la traición en la celda 114
El eco de la campana nocturna anunció el cierre de celdas, pero para Sara, el verdadero peligro apenas comenzaba. Sabía que derribar a la líder del patio tendría consecuencias inmediatas. Sentada en su litera de hierro, miraba fijamente la puerta de metal, esperando la represalia. No tuvo que esperar mucho. A medianoche, el cerrojo se abrió con un chirrido inusualmente suave.
Para su sorpresa, no fue un grupo de reclusas armadas con pinchos carcelarios. Fue el sargento Martín, uno de los guardias más temidos por su crueldad y sospechoso de aceptar sobornos de las mafias locales. Detrás de él, con la cabeza baja y el rostro demacrado, caminaba Begoña. El sargento cerró la puerta con llave desde el interior, aislando la celda del resto del ala.

«Has demostrado ser muy hábil en el patio, Sara. Demasiado hábil para tu propio bien», dijo Martín con una sonrisa gélida mientras sacaba un teléfono móvil de su bolsillo.
El sargento encendió la pantalla y la colocó frente a los ojos de Sara. En la videollamada apareció un rostro que reconoció al instante: Alberto, su prometido, el hombre que la había incriminado y que ahora disfrutaba de una vida de lujo en un país sin extradición. La rabia y la impotencia quemaron la garganta de Sara al ver su sonrisa cínica a través de la pequeña pantalla.
Alberto le explicó que su supervivencia en prisión ponía en riesgo el acuerdo que él tenía para lavar el dinero desviado. Había pagado una fortuna al sargento Martín para que organizara un "accidente" trágico dentro de los muros. Begoña había sido la elegida para ejecutarlo a cambio de una reducción de condena, pero al fallar en el patio, el sargento había decidido tomar cartas en el asunto personalmente. El sargento Martín levantó su porra reglamentaria, arrinconando a Sara contra la pared de hormigón.
”El sargento Martín levantó su porra reglamentaria, arrinconando a Sara contra la pared de hormigón.