La enfermera que usó un hacha para salvar a una mujer enterrada viva
Anteriormente: Jésica, una enfermera decidida, irrumpe en un funeral con un hacha. Sabe que la mujer en el ataúd no está muerta, sino atrapada en una conspiración de vida o muerte.
La máscara del traidor cae por completo
El pánico colectivo se desató en la sala del tanatorio. Los invitados gritaban, algunos retrocedían hacia la salida, mientras otros observaban paralizados la escena dantesca. Jésica, ignorando el caos a su alrededor, ayudó a Doña Sofía a incorporarse. La anciana parpadeaba con dificultad, sus ojos inyectados en sangre y su respiración aún débil debido a los efectos del potente anestésico que le habían administrado.
David, viendo que su plan maestro de heredar la inmensa fortuna de su madre se desvanecía, intentó un último y desesperado movimiento. Avanzó hacia el ataúd, tratando de apartar a Jésica con violencia.

¡Esto es una alucinación! ¡Mi madre está muerta, esto es un espasmo post-mortem! ¡No la toques, enfermera loca!
Pero Sofía, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, levantó un dedo tembloroso y señaló directamente a su hijo. Su voz, aunque apenas un susurro, se escuchó con total claridad en medio del tumulto.
Tú... tú me diste esa bebida... Me dijiste que me ayudaría a dormir...
Jésica se interpuso firmemente entre David y la anciana. Con voz firme y decidida, se dirigió a los presentes y al personal de seguridad que acababa de irrumpir en la sala.
Este hombre intentó enterrar a su propia madre viva. Tengo las pruebas en mi bolsillo: viales de un bloqueador neuromuscular que encontré en la papelera de su habitación del hospital. Su amigo, el doctor que firmó el acta de defunción, también está implicado en esto.
Al verse acorralado y expuesto ante toda su familia y conocidos, la fachada de hijo afligido de David se desmoronó por completo. Con una mirada llena de odio, metió la mano en su chaqueta, sacando una pequeña jeringuilla precargada, dispuesto a silenciar a su madre para siempre antes de que la policía llegara.
”Con una mirada llena de odio, metió la mano en su chaqueta, sacando una pequeña jeringuilla precargada, dispuesto a silenciar a su madre…