Traición · Ficción breve

Mi esposa maltrataba a mi madre en secreto mientras yo servía a mi país

Mi esposa maltrataba a mi madre en secreto mientras yo servía a mi país — Parte 1
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Una traición inesperada bajo el techo familiar

Mateo caminaba por el sendero hacia su hogar en Toledo, con el uniforme de gala del ejército español impecablemente planchado y el pecho lleno de una emoción contenida. Habían sido doce meses interminables de despliegue en el extranjero, soportando el polvo, el peligro y la distancia. Lo único que lo había mantenido firme era la promesa de regresar con las dos mujeres de su vida: su madre Carmen, una viuda de setenta años con el corazón cansado, y su esposa Natalia, una mujer de belleza deslumbrante con quien se había casado poco antes de partir.

Con dos cajas de regalo bajo el brazo, Mateo se acercó a la puerta principal. Al notar que estaba entornada, un extraño presentimiento le recorrió la columna. Desde el interior del comedor no llegaban risas ni el aroma de la comida casera, sino un grito afilado y cargado de desprecio que reconoció de inmediato. Era la voz de Natalia, pero desprovista de toda la dulzura que solía fingir en sus cartas.

Mi esposa maltrataba a mi madre en secreto mientras yo servía a mi país

Al asomarse, la escena que presenció le destrozó el alma. Su madre, vestida con una humilde rebeca gris, estaba encorvada en su silla, aferrando contra su pecho un cuenco de porcelana que perteneció a su difunto esposo. Frente a ella, Natalia, ataviada con un llamativo vestido escarlata, la increpaba con violencia.

—¡Vieja bruja! ¿Crees que dejaré que me robes? —bramó Natalia, con el rostro desfigurado por la codicia.
—Por favor, mi hijo construyó esta casa... —suplicó Carmen, con lágrimas corriendo por sus mejillas arrugadas.

Incapaz de contener la furia que le encendía la sangre, Mateo abrió la puerta de par en par. Las cajas de regalo cayeron al suelo con estrépito.

—¡Suéltala! —rugió Mateo, avanzando como una tormenta.

Natalia se giró, palideciendo al instante al ver la imponente figura de su esposo con el uniforme militar.

—Estoy aquí, mamá —dijo Mateo, apartando a su esposa de un empujón que la hizo tambalearse contra la pared del pasillo.
—Hijo mío... —susurró la anciana, rompiendo en un llanto de absoluto alivio mientras Mateo la estrechaba entre sus brazos.

—susurró la anciana, rompiendo en un llanto de absoluto alivio mientras Mateo la estrechaba entre sus brazos.