Traición · Historia

Mi esposo trajo a su amante a mi parto y el doctor hizo justicia

Mi esposo trajo a su amante a mi parto y el doctor hizo justicia — Parte 2
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Anteriormente: Elena esperaba el día más feliz de su vida al dar a luz a sus trillizos, pero su esposo Mateo apareció con su amante en el hospital para destruirla. Por suerte, un médico intervino de forma inesperada.

La amenaza de la riqueza contra la justicia

A pesar de la espectacular caída, Mateo no estaba dispuesto a rendirse. Se puso de pie con dificultad, con su costoso traje blanco completamente arruinado y goteando agua turbia sobre el suelo del hospital. Vanessa, con el cabello rubio pegado a la cara y el maquillaje corrido, chillaba de rabia mientras intentaba escurrir su vestido rojo de lentejuelas. El odio en sus miradas era palpable.

—¡Estás acabado, maldito médico de pacotilla! —gritó Mateo, señalando al doctor Alejandro con un dedo tembloroso—. Voy a llamar a mis abogados ahora mismo. Te acusaré de agresión y a ti, Elena, te quitaré a esos bastardos hoy mismo. Terminaréis los dos en la cárcel.

El pánico se apoderó de mí. Mateo era un hombre de negocios influyente en la ciudad y contaba con un equipo de abogados despiadados capaces de manipular cualquier situación. Sostuve a mis trillizos contra mi pecho, temiendo que sus amenazas se hicieran realidad. Si me quitaban a mis hijos, mi vida no tendría ningún sentido.

Mi esposo trajo a su amante a mi parto y el doctor hizo justicia

Sin embargo, el doctor Alejandro permaneció impasible. Con una calma asombrosa, se interpuso entre la camilla y los agresores, protegiéndonos con su propio cuerpo. Miró a Mateo con una sonrisa gélida y descolocó por completo a mi todavía esposo al sacar su teléfono móvil sin mostrar el más mínimo temor.

—Puedes llamar a quien quieras, Mateo —dijo el doctor Alejandro con voz firme y serena—. Pero antes de que lo hagas, deberías saber con quién estás hablando realmente y a quién pertenece este hospital.

En ese momento, la puerta de la sala se abrió de nuevo y dos guardias de seguridad del hospital ingresaron junto a un hombre de traje gris oscuro que sostenía una tablet. Mateo frunció el ceño, confundido por la repentina interrupción, mientras Vanessa daba un paso atrás, presintiendo que las cosas no iban a salir según su retorcido plan. La tensión en la habitación se podía cortar con un cuchillo.

La tensión en la habitación se podía cortar con un cuchillo.