Traición · Historia

El desprecio de mi esposo y la inesperada venganza de mi poderoso padre

El desprecio de mi esposo y la inesperada venganza de mi poderoso padre — Parte 2
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Anteriormente: Gema soportaba en silencio los desprecios de su suegra y la cobardía de su esposo. Pero cuando la echaron a la calle embarazada, no imaginaron quién era su verdadero padre.

El viaje en el coche de mi padre se realizó en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por mis sollozos contenidos. Sergio me tomó de la mano, transmitiéndome una seguridad que había olvidado que existía. Durante años, debido a los rencores del pasado tras su divorcio de mi madre, habíamos estado distanciados. Sin embargo, al enterarse de mi situación y de los abusos que sufría, no dudó en cruzar el país para rescatarme. Él ya no era el hombre vulnerable de antes; ahora era un respetado magnate con recursos ilimitados.

El contraataque de los cobardes

Al llegar a su residencia, recibí atención médica inmediata. Afortunadamente, mi bebé se encontraba fuera de peligro, pero mi alma seguía herida. Mientras yo descansaba, mi padre comenzó a mover sus hilos. En menos de veinticuatro horas, las empresas de la familia de Antonio empezaron a sentir los efectos de un bloqueo financiero devastador. Las acciones cayeron y los socios principales retiraron sus ofertas.

El desprecio de mi esposo y la inesperada venganza de mi poderoso padre

Desesperados por la inminente ruina, Antonio y Elena decidieron jugar sucio. Al día siguiente, se presentaron en las oficinas centrales de la corporación de mi padre. No venían a pedir disculpas, sino a amenazar. Acompañados por un abogado de dudosa reputación, exigían la custodia compartida del futuro bebé y una compensación económica, alegando que yo no estaba capacitada mentalmente para la maternidad.

—No nos asusta tu dinero, Sergio —declaró Antonio con arrogancia fingida al entrar a la sala de juntas—. Gema firmará este acuerdo de renuncia de derechos o destruiremos su reputación públicamente. Diremos que el hijo que espera es de cualquiera menos mío.

Elena asintió desde atrás, con una sonrisa de superioridad que pretendía ocultar su pánico financiero. Pero mi padre no se inmutó. Con una lentitud exasperante, abrió una carpeta de cuero negro que reposaba sobre la mesa y sacó varios documentos.

—Antes de que sigan hablando de leyes y reputación, les sugiero que miren esto —dijo mi padre, deslizando los papeles hacia ellos.

Con una lentitud exasperante, abrió una carpeta de cuero negro que reposaba sobre la mesa y sacó varios documentos.—Antes de que sigan ha…