Traición · Historia

Mi esposo me humilló por su madre, pero no sabía quién era mi padre

Mi esposo me humilló por su madre, pero no sabía quién era mi padre — Parte 2
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Anteriormente: Tras soportar los constantes desprecios de su suegra y la traición de su esposo, Gwen pensó que estaba sola en su embarazo. Pero la llegada de su padre lo cambió todo.

El regreso del protector

Troy, el padre de Gwen, cruzó el umbral con la autoridad natural de un hombre acostumbrado a controlar imperios financieros. Vestido con un elegante traje gris oscuro y un abrigo largo, sus ojos se fijaron de inmediato en el rostro lastimado de su hija y en la mano de Alberto que aún la sujetaba. Detrás de él, varios guardaespaldas de aspecto imponente aseguraron la entrada, bloqueando cualquier salida. La furia en el rostro de Troy era una tormenta silenciosa que congeló a todos en la habitación.

—Hija, haz las maletas —ordenó Troy con una voz firme y profunda que resonó en cada rincón del gran vestíbulo.

Alberto soltó a Gwen de inmediato, palideciendo ante la imponente presencia del desconocido. Elsa, desde las escaleras, perdió su sonrisa de golpe, sintiendo una repentina opresión en el pecho. Troy se acercó a Alberto, acortando la distancia hasta quedar a pocos centímetros de su rostro, intimidándolo con su mera presencia física.

Mi esposo me humilló por su madre, pero no sabía quién era mi padre
—Y responderás por cada una de sus lágrimas —le advirtió en un susurro letal que hizo que el joven temblara visiblemente.

Esa misma noche, Gwen fue trasladada a la mejor clínica privada de la ciudad para asegurarse de que el bebé estuviera a salvo tras el altercado físico. Su padre permaneció a su lado, sosteniendo su mano y prometiéndole que nunca más volvería a sufrir ningún tipo de desprecio. Sin embargo, la ambición y la soberbia de la familia de Alberto no conocían límites.

A la mañana siguiente, mientras Gwen descansaba en su habitación, la puerta se abrió bruscamente. Alberto y Elsa entrar de golpe, acompañados por un equipo de abogados que portaban carpetas de cuero y miradas desafiantes.

—Firma este acuerdo de renuncia de custodia ahora mismo, Gwen —siseó Elsa, arrojando unos papeles sobre la cama—. Si no lo haces, te demandaremos por abandono de hogar y nos aseguraremos de que pases tu embarazo en prisión. No tienes el poder para enfrentarte a nosotros.

No tienes el poder para enfrentarte a nosotros.