Mi esposo piloto saboteó nuestro vuelo para evitar que revelara su oscuro secreto
Anteriormente: Cuando las máscaras de oxígeno cayeron en pleno vuelo, Clara corrió hacia la cabina buscando respuestas. Pero al abrirse la puerta, descubrió que el verdadero peligro no era una falla técnica, sino su propio esposo.
El secreto detrás del sabotaje
Al cruzar el umbral de la cabina, la atmósfera claustrofóbica golpeó a Clara con la fuerza de un huracán. Lo que vio en el interior la dejó sin respiración, mucho más que la supuesta falta de oxígeno en la cabina de pasajeros. El copiloto, un joven profesional que siempre sonreía, yacía desplomado sobre los controles principales. Un pequeño hilo de sangre corría por su sien, y sus manos estaban atadas con precintos plásticos al marco del asiento.
—Javier... ¿qué has hecho? —susurró Clara, retrocediendo hasta chocar contra la puerta que acababa de cerrarse a sus espaldas con un cerrojo electrónico.
—Lo que tenía que hacer, Clara. Te advertí que no debías seguir escarbando en mis cuentas privadas —respondió Javier sin apartar la mirada de la ruta de navegación alterada.
La mente de Clara conectó los puntos con una velocidad aterradora. Días atrás, había descubierto pruebas de que Javier utilizaba sus rutas internacionales para contrabandear divisas y diamantes para una red criminal internacional. Ella planeaba denunciarlo al aterrizar en París, creyendo que aún quedaba algo de decencia en el hombre con el que se había casado. Jamás imaginó que él sería capaz de poner en riesgo la vida de cientos de inocentes para salvarse.
—¿Vas a matarnos a todos por dinero? —preguntó ella, con la voz temblando por la indignación y el miedo.
—Nadie va a morir, al menos no si cooperas —dijo él, señalando una pantalla auxiliar—. He simulado una falla total del sistema de presurización y combustible. Desviaremos el avión hacia una pista abandonada en los Pirineos. Allí me espera un transporte para salir del país con una nueva identidad. Tú vendrás conmigo, Clara. Si te niegas, simplemente dejaré que el piloto automático guíe este avión contra las montañas, y yo saltaré antes de que ocurra.
Javier sacó una pequeña jeringuilla de su bolsillo táctico, la misma con la que probablemente había sedado al copiloto. La tensión en la cabina era insoportable mientras el avión seguía perdiendo altura rápidamente.
”La tensión en la cabina era insoportable mientras el avión seguía perdiendo altura rápidamente.