Traición · Historia

Fui a prisión para proteger a mi hermana, pero allí descubrí la peor traición.

Fui a prisión para proteger a mi hermana, pero allí descubrí la peor traición. — Parte 1
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Tensión en el patio de Cruz del Sur

El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de la prisión de Cruz del Sur, levantando una neblina de polvo que hacía difícil respirar. Para Juana y su hermana menor, Sara, cada minuto en aquel lugar era una prueba de supervivencia. Aquel día parecía transcurrir con una calma tensa, pero en una cárcel como esa, la tranquilidad nunca era real; era solo el preludio de la tormenta.

Sara, vistiendo su ropa deportiva gris, se agachó cerca de la alambrada de espino para atarse los cordones de sus zapatillas. Fue en ese instante de vulnerabilidad cuando el peligro se materializó. Begoña, una reclusa corpulenta conocida por su crueldad, avanzó sosteniendo un balón de voleibol. Con un movimiento rápido y malintencionado, interpuso su pie en el camino de Sara, haciéndola tropezar estrepitosamente contra la dura tierra del patio.

Fui a prisión para proteger a mi hermana, pero allí descubrí la peor traición.
«El poste ha dado justo donde debía, ¿verdad?», exclamó Begoña con una carcajada burlona, mientras varias reclusas se unían a sus risas.

Juana, que observaba la escena a pocos metros, sintió cómo la sangre se le helaba antes de hervir de pura rabia. Sin embargo, antes de que pudiera acercarse a socorrer a su hermana, Carla, una reclusa vestida con uniforme de enfermería que ejercía un control absoluto sobre el pabellón, se interpuso en su camino con una mirada cargada de desprecio.

«Te gusta jugar sucio, ¿verdad?», siseó Carla, buscando provocarla. Sin esperar respuesta, se lanzó hacia delante gritando con furia: «¡Tírala al suelo!».

Lo que Carla no anticipó fue la asombrosa agilidad de Juana. Con un reflejo felino, Juana desvió el ataque inicial de Carla con un movimiento preciso. Casi de inmediato, Begoña arremetió contra ella con todo su peso corporal. Juana bloqueó la embestida con su antebrazo, utilizó su propio impulso para propinarle un rodillazo devastador en el estómago y, acto seguido, un derechazo directo a la mandíbula que envió a Begoña directamente al polvo. Juana quedó de pie, victoriosa y desafiante, sobre su oponente derrotada.

Juana quedó de pie, victoriosa y desafiante, sobre su oponente derrotada.