Fui al funeral de mi madre vestida de presa y descubrí una verdad aterradora
Anteriormente: Lorena escapó de prisión con un solo objetivo: evitar que enterraran viva a su madre. Al romper el ataúd con un hacha, destapó una red de mentiras tejida por su propia familia.
El pánico se apoderó de la capilla cuando el sonido de los golpes internos se hizo más evidente. Lorena, usando el extremo del hacha como palanca, forzó la tapa agrietada hasta que cediendo con un crujido final, reveló el interior del féretro. Allí yacía Carmen, con el rostro pálido pero con los ojos entornados, luchando débilmente por respirar. El fármaco paralizante que Bárbara y Daniel le habían suministrado estaba perdiendo su efecto antes de lo previsto debido a la adrenalina del encierro.
La máscara se cae
Los murmullos de los invitados se convirtieron en un clamor de indignación y asombro. Lorena se inclinó de inmediato para asistir a su madre, tomándola en sus brazos mientras las lágrimas de alivio limpiaban el hollín de su rostro. Al ver que su plan maestro se desmoronaba ante sus ojos, Bárbara intentó retroceder sigilosamente hacia la salida lateral, pero varios de los familiares presentes le bloquearon el paso, exigiéndole explicaciones.

—Esto es una locura, Lorena está demente y ha profanado el cuerpo de nuestra madre —declaró Daniel con desesperación, buscando el apoyo de la multitud—. ¡Llamen a la policía de inmediato!
—¡La policía ya viene en camino, Daniel, pero no por mí! —replicó Lorena con firmeza, sosteniendo la mano temblorosa de su madre—. Sé perfectamente que la envenenaron con catalepsina para simular su muerte y quedarse con la herencia antes de que yo pudiera apelar mi caso.
La mención de la sustancia prohibida hizo que Daniel palideciera instantáneamente. En ese momento, Carmen, haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró articular sus primeras palabras con una voz apenas audible pero lo suficientemente clara para los que estaban cerca.
—Ellos... ellos me lo hicieron... —susurró la anciana, señalando con un dedo tembloroso a Bárbara y Daniel.
La traición familiar quedaba expuesta de la manera más dramática posible. El silencio de complicidad de la pareja confirmó las sospechas de todos los presentes.
”El silencio de complicidad de la pareja confirmó las sospechas de todos los presentes.