La guardiana cruel intentó destruirla, pero una llamada telefónica lo cambió todo
Anteriormente: Sara solo quería felicitar a su madre enferma por su cumpleaños. Cuando una guardiana corrupta intentó pisotear su único consuelo, desató una tormenta que cambiaría el destino de toda la prisión.
La conspiración al descubierto
El silencio que siguió al enfrentamiento fue sepulcral. Begoña, humillada y adolorida en el suelo, activó de inmediato la alarma de su radio. En pocos minutos, el pasillo se inundó de guardias armados que redujeron a Sara sin contemplaciones. Las esposas apretaron sus muñecas mientras era conducida a la fuerza hacia el despacho de dirección. Sara sabía que la agresión a un funcionario de prisiones se castigaba con el aislamiento severo y un aumento drástico de la pena, pero no le importaba; había defendido su dignidad.
Sin embargo, al cruzar el umbral del despacho del director, la escena que encontró no era la esperada. Sentado tras el escritorio no estaba el habitual director del penal, sino un hombre de mediana edad con un elegante traje gris, flanqueado por dos agentes de la Policía Nacional. La tensión en la sala era palpable. El subdirector del centro permanecía de pie en un rincón, pálido y sudoroso.

—¡Esta reclusa es peligrosa! ¡Me ha atacado sin motivo! —gritó Begoña al entrar, tratando de recuperar el control de la situación.
El hombre del traje alzó una mano, exigiendo silencio absoluto con un solo gesto. Se identificó como Alejandro, inspector general de instituciones penitenciarias, enviado directamente por el Ministerio de Justicia. Con voz firme, ordenó que retiraran las esposas de Sara de inmediato.
—Oficial Begoña, guarde silencio. No estamos aquí para juzgar la conducta de Sara, sino la suya y la de la dirección de este centro —sentenció Alejandro, abriendo un grueso maletín de cuero sobre la mesa.
De su interior extrajo una serie de documentos oficiales y cartas lacradas que nunca habían llegado a manos de Sara. Eran las notificaciones de su abogado defensor que demostraban que las pruebas clave que la habían condenado habían sido burdamente manipuladas por una red de corrupción policial en complicidad con el subdirector de la prisión y la propia Begoña, quienes recibían cuantiosos sobornos para mantenerla incomunicada y evitar que apelara su sentencia.
”Eran las notificaciones de su abogado defensor que demostraban que las pruebas clave que la habían condenado habían sido burdamente manip…