Traición · Historia

Mi propia hermana me envió a prisión, pero allí encontré mi verdadera fuerza

Mi propia hermana me envió a prisión, pero allí encontré mi verdadera fuerza — Parte 1
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El patio de los mil demonios

El sol de justicia caía plomizo sobre el patio de cemento de la prisión de Soto del Real. Las vallas de alambre de espino, que recortaban el cielo de Madrid como garras plateadas, parecían estrecharse cada vez más sobre Sara. Ella no pertenecía a ese lugar de sombras y arrepentimiento, pero la traición de su propia hermana gemela, Raquel, la había arrastrado al mismísimo infierno. Sin embargo, Sara no estaba dispuesta a dejarse quebrar.

Frente a ella, bloqueando el único espacio abierto del patio, se encontraba Begoña. La imponente mujer, conocida por su brutalidad y por controlar el pabellón con mano de hierro, vestía una camiseta negra sin mangas que dejaba al descubierto sus brazos cubiertos de tatuajes carcelarios. La tensión en el aire era tan densa que casi podía cortarse con un cuchillo. Las demás reclusas se habían apartado, formando un círculo de expectación morbosa.

Mi propia hermana me envió a prisión, pero allí encontré mi verdadera fuerza
«Te advierto que de aquí no sales entera, niñata», siseó Begoña con una sonrisa cargada de desprecio.

Antes de que Sara pudiera responder, Begoña se lanzó al ataque con un rugido salvaje, lanzando un puñetazo pesado directo a su mandíbula. Con reflejos templados en años de entrenamiento de defensa personal, Sara alzó el antebrazo, bloqueando el impacto con un golpe seco. La fuerza del ataque la hizo retroceder un paso, pero mantuvo el equilibrio.

Begoña, enfurecida por la resistencia, lanzó un segundo golpe ciego. Sara esquivó el puño con un movimiento fluido de cadera y contraatacó con un puñetazo preciso en el plexo solar de su rival, dejándola momentáneamente sin aire. Desesperada, la enorme reclusa lanzó una patada baja para derribarla. Sara, anticipando el movimiento, dio un paso lateral y, aprovechando el propio impulso de Begoña, le propinó una patada demoledora en el costado. El cuerpo de Begoña impactó con estrépito contra el frío hormigón, desatando un murmullo de incredulidad entre los espectadores.

El cuerpo de Begoña impactó con estrépito contra el frío hormigón, desatando un murmullo de incredulidad entre los espectadores.