Mi propia hermana me tendió una trampa mortal, pero la prisión no pudo destruirme
Anteriormente: Tras ser traicionada por su propia sangre y enviada a una prisión de máxima seguridad, Paula sobrevive a una emboscada que revela una conspiración mucho más oscura de lo que imaginaba.
La conspiración en la sombra
La victoria en el patio duró apenas unos instantes. En cuestión de minutos, una alarma ensordecedora comenzó a sonar y media docena de guardias irrumpieron en el patio. Paula fue reducida con brusquedad, aunque no opuso resistencia. Mientras la esposaban y la arrastraban hacia el bloque de aislamiento, Tania se levantó del suelo, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios con una mirada de puro odio.
Antes de que se la llevaran por el pasillo de hormigón, Tania se acercó a Paula y le susurró al oído con una sonrisa helada:

—Disfruta de tus últimos minutos de aire, bonita. Tu querida hermana Irene ha pagado una fortuna para asegurarse de que no pases de esta noche.
Aquellas palabras confirmaron las peores sospechas de Paula. Su hermana no solo la había incriminado para quedarse con toda la herencia de su difunto padre, sino que ahora estaba usando su inmenso poder económico para silenciarla de forma definitiva dentro de la propia prisión.
Paula fue arrojada a una celda de aislamiento en el sótano del edificio. El lugar carecía de ventanas; solo había una litera de hierro oxidado y el frío penetrante que emanaba de las paredes. Las horas pasaron con una lentitud tortuosa. El silencio de la prisión a altas horas de la noche era casi absoluto, solo interrumpido por el goteo constante de una tubería lejana.
Alrededor de las tres de la madrugada, el chasquido metálico de la cerradura de su celda rompió el silencio. La pesada puerta de hierro se abrió lentamente. Para sorpresa de Paula, no era Tania quien entraba, sino un enfermero del penal que ella nunca había visto antes. En su mano derecha sostenía una jeringuilla cargada con un líquido incoloro. El hombre cerró la puerta tras de sí y avanzó con frialdad.
—No lo hagas difícil —dijo el hombre con voz monótona—. Será un fallo cardíaco común. Nadie hará preguntas.
”Será un fallo cardíaco común. Nadie hará preguntas.