Mi hermano regresó del pasado para defenderme del matón más peligroso del instituto
Anteriormente: Olivia pensó que estaba sola frente a los abusos de Gael, el matón del instituto, hasta que la silueta de su hermano mayor apareció entre la lluvia para cambiarlo todo.
El regreso de los fantasmas del pasado
El silencio que se apoderó del aparcamiento fue sepulcral. Gael, acostumbrado a que todos se doblegaran ante su presencia, retrocedió un paso, sorprendido por la imponente figura de Hugo. Sin embargo, la humillación ante sus compañeros era algo que no podía permitir. «¿Y tú quién te crees que eres para hablarme así? No tienes ni idea de con quién te estás metiendo», respondió Gael, tratando de recuperar su tono amenazante y dando un paso hacia adelante para acortar la distancia.
Olivia, desde el suelo, tiró de la manga de la sudadera de su hermano con desesperación. «Hugo, por favor, déjalo. Vámonos de aquí, su padre es Don Fernando», suplicó con la voz rota por el miedo. Al escuchar ese nombre, el rostro de Hugo se tensó. Don Fernando no era un desconocido para él; era el empresario corrupto que, diez años atrás, había provocado la quiebra del negocio de su padre, sumiendo a su familia en la miseria y obligando a Hugo a marcharse para buscar trabajo y mantener a los suyos.

Antes de que Hugo pudiera responder, un elegante coche negro de alta gama frenó bruscamente junto al grupo. De la parte trasera descendió un hombre maduro, vestido con un costoso traje de sastre. Era Don Fernando en persona, quien venía a recoger a su hijo. Al ver el tumulto, se acercó con aire autoritario, pero al cruzar su mirada con la de Hugo, su expresión de superioridad se desvaneció por completo, volviéndose extremadamente pálido.
«¿Tú...? Se supone que te habías ido para siempre», murmuró Fernando, sintiendo cómo el pasado que tanto se había esforzado por enterrar regresaba para confrontarlo ante todos los estudiantes que observaban la escena.
El empresario, temeroso de que Hugo revelara los oscuros secretos financieros que podrían destruir su reputación y su inminente campaña política, se acercó al joven y le susurró una propuesta desesperada: un fajo de billetes a cambio de su silencio y de que se marcharan del pueblo inmediatamente.
”Se supone que te habías ido para siempre», murmuró Fernando, sintiendo cómo el pasado que tanto se había esforzado por enterrar regresaba…