Humilló a su criada en la piscina sin saber quién era su verdadero padre
Anteriormente: Carlota pensó que podía humillar a Sofía, la joven empleada del servicio, tirándola a la piscina durante su exclusiva fiesta. Lo que no imaginaba era que Sofía ocultaba un secreto que destruiría a su familia.
El pánico de la alta sociedad
Las palabras de Sofía cayeron como una losa de hormigón sobre la fiesta. Los murmullos cesaron de golpe y los rostros de los invitados se tornaron pálidos. Carlota intentó mantener su sonrisa de superioridad, pero un temblor involuntario en sus manos delató su creciente nerviosismo. ¿Podía ser verdad que la humilde sirvienta a la que había maltratado durante semanas fuera la hija de Alejandro Vargas, el hombre más poderoso de la ciudad?
Antes de que Carlota pudiera articular una respuesta defensiva, Sofía sacó de su bolsillo un teléfono de última generación, completamente resistente al agua, y realizó una llamada corta pero contundente. Al cabo de unos minutos, el sonido de un motor de alta gama interrumpió el ambiente. Una berlina negra con lunas tintadas y escolta oficial se detuvo frente a la entrada principal. De ella descendió el alcalde, con el rostro serio y la mirada cargada de preocupación.

Al enterarse de la situación, el padre de Carlota, Don Alberto Alarcón, bajó corriendo las escaleras de la mansión. Su constructora familiar dependía por completo de la aprobación de un millonario contrato de obras públicas que el ayuntamiento debía adjudicar al día siguiente. Si el alcalde descubría cómo habían tratado a su hija, la empresa familiar se enfrentaría a la bancarrota absoluta.
— ¡Señor alcalde! Le ruego que nos disculpe, esto ha sido un lamentable accidente de jóvenes... —suplicó Don Alberto, sudando frío mientras intentaba interponerse entre su hija y la ira del político.
Alejandro Vargas ignoró los ruegos del empresario y caminó directamente hacia Sofía, cubriéndola con su propia chaqueta de lana. Sofía miró a su padre, con quien había discutido semanas atrás para demostrarle que podía ganarse la vida por sí misma sin su apellido. Ahora, la lección que estaba a punto de dar no solo sería para su progenitor, sino para toda la familia Alarcón.
”Ahora, la lección que estaba a punto de dar no solo sería para su progenitor, sino para toda la familia Alarcón.