Un joven aterrorizado me pidió ayuda en el aeropuerto y desenterró mi peor secreto
Anteriormente: Cuando Noé corrió hacia mí en el aeropuerto de Barajas suplicando protección, no imaginé que el hombre que lo perseguía venía a saldar una cuenta pendiente conmigo desde hacía dieciocho años.
El peso de los errores pasados
Las palabras del muchacho golpearon a Andrés como un impacto físico. Apartó ligeramente al joven para mirarlo a los ojos y, en ese instante, el velo del pasado se descorrió ante él. Aquellos ojos verdes y la curva decidida de su rostro eran idénticos a los de Lucía, la mujer que había amado con locura y a la que había abandonado hacía casi dos décadas para mantenerla a salvo de sus antiguos socios. Este chico era Noé, su propio hijo, a quien nunca se le había permitido conocer.
—¿Noé? —preguntó Andrés, con la voz quebrada por una mezcla de asombro y dolor—. ¿Cómo es posible que estés aquí?
—Mamá me dio tu foto antes de morir el mes pasado —respondió el chico, con lágrimas resbalando por sus mejillas—. Me dijo que si alguna vez corría peligro, te buscara. Pero Damián interceptó mis cartas y me usó como carnada para encontrarte. Lo siento tanto...
La culpa abrumó a Andrés. Su huida no había servido para proteger a su familia; al contrario, su pasado regresaba ahora para cobrarse la vida de su único hijo. Mientras tanto, Damián acortaba la distancia con pasos pausados y calculados, disfrutando de la agonía de sus presas. Al llegar frente a ellos, se detuvo a escasos metros, con una sonrisa gélida que helaba el aire de la terminal.

—Vaya, Andrés. Tanto tiempo jugando al gato y al ratón para acabar cayendo por culpa de tu propio cachorro —siseó Damián, metiendo la mano derecha bajo su abrigo negro—. Sabes perfectamente a lo que vengo. El jefe quiere los documentos que te llevaste hace dieciocho años. Dámelos y tal vez deje que el chico viva un día más.
Andrés dio un paso al frente, interponiéndose entre el cañón oculto de Damián y Noé. El pánico del joven era palpable, pero en el pecho de Andrés, el miedo inicial se transformó en una furia fría y protectora. No iba a permitir que le arrebataran lo único que le daba sentido a su existencia.
”No iba a permitir que le arrebataran lo único que le daba sentido a su existencia.