Segundas oportunidades · Historia

La anciana que me traicionó en prisión resultó ser mi única salvación

La anciana que me traicionó en prisión resultó ser mi única salvación — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Jara fue traicionada por una anciana en el patio de la cárcel, pensó que todo había terminado, sin imaginar el impactante secreto que ocultaba su salvadora.

El secreto bajo las sombras

El silencio que siguió al estruendo de la caída de Begoña fue absoluto. Ninguna de las reclusas se atrevía a respirar. Los guardias de seguridad comenzaron a correr hacia el patio con sus porras en la mano, haciendo sonar sus silbatos. Antes de que la situación se saliera de control, Clara tomó a Jara del brazo con una fuerza sorprendente y la arrastró hacia el pasillo de las duchas exteriores, un rincón oscuro donde las cámaras de vigilancia tenían un punto ciego.

—¿Por qué me has hecho tropezar? ¡Podría haberme roto la cabeza! —exigió Jara, tratando de limpiar la sangre de sus nudillos.

Clara la miró con una mezcla de compasión y urgencia en sus ojos cansados, que de cerca guardaban un parecido asombroso con los de su difunta madre.

La anciana que me traicionó en prisión resultó ser mi única salvación
—Te he salvado la vida, hija —susurró Clara, mirando por encima de su hombro—. Los hombres de Begoña te esperaban al final del pasillo del pabellón B con navajas. Si no te hacía caer, ahora mismo estarías desangrándote. Begoña solo era el anzuelo.

Jara sintió que el mundo daba vueltas. Clara no era una reclusa cualquiera; sabía quién era Jara y conocía los peligros que la acechaban. La anciana reveló entonces una verdad demoledora: había sido la compañera de celda de la madre de Jara años atrás, y había prometido protegerla. Pero la revelación más impactante estaba por venir. Clara poseía las pruebas de que el exnovio de Jara, en complicidad con el director de la prisión, la había incriminado para quedarse con un botín millonario.

La única forma de conseguir esas pruebas y limpiar su nombre era infiltrarse esa misma noche en el despacho del director. Con astucia y sigilo, ambas mujeres lograron burlar la seguridad nocturna. Sin embargo, al abrir la caja fuerte oculta tras el cuadro de la oficina, la luz se encendió repentinamente. El director de la prisión y el exnovio de Jara las esperaban con una sonrisa fría y un arma cargada apuntando directamente a Clara.

El director de la prisión y el exnovio de Jara las esperaban con una sonrisa fría y un arma cargada apuntando directamente a Clara.