La campeona olvidada regresó al campo de tiro para reclamar el honor de su padre
Anteriormente: Mara soportó las burlas de los hombres en el campeonato de tiro, pero cuando apretó el gatillo, un viejo símbolo en la diana reveló una verdad que todos querían enterrar.
La trampa en la oficina
El pánico se propagó rápidamente por la zona de control. Vicente, con las manos temblorosas, ordenó la suspensión temporal de la competencia bajo el pretexto de un fallo técnico en los monitores. Dos guardias de seguridad abordaron a Mara de inmediato y, bajo la mirada atónita del público, la escoltaron hacia la oficina privada de la presidencia. Álex la seguía de cerca, incapaz de apartar la vista de ella, sintiendo que el suelo bajo sus pies comenzaba a agrietarse.
Una vez dentro, Vicente cerró la puerta con llave. La atmósfera en la habitación era asfixiante, cargada de una tensión eléctrica. El veterano director miró a Mara con una mezcla de furia y miedo mal disimulado.

—¿Quién eres y qué significa esta provocación? —exigió Vicente, golpeando el escritorio de madera—. Ese disparo... ese patrón está prohibido. ¡Es propiedad intelectual de la federación!
Mara se quitó las gafas protectoras con una lentitud exasperante, revelando una mirada llena de desprecio absoluto hacia los dos hombres.
—Ese patrón pertenece a mi padre, Manuel —declaró Mara con voz firme—. El hombre al que vosotros dos robasteis las patentes de diseño y las técnicas de tiro que os hicieron ricos. Le condenasteis al olvido y a la ruina mientras os coronabais con su gloria.
Álex palideció, pero rápidamente intentó recuperar su postura arrogante, acercándose a ella de forma amenazadora.
—Tu padre está muerto, Mara. Y tú no eres nadie. Si intentas decir algo, la federación te destruirá antes de que puedas salir de este edificio. Tenemos a los jueces y a la prensa en nuestro bolsillo.
Mara sonrió con frialdad. Sabía perfectamente que reaccionarían así. Sin perder la calma, sacó un pequeño dispositivo metálico de su chaqueta y lo colocó sobre la mesa. La luz roja del aparato indicaba que estaba transmitiendo en tiempo real.
—No necesito vuestro permiso para hacer justicia —dijo Mara—. Esta conversación, junto con la confesión implícita de Vicente, se está emitiendo en directo. Y las pruebas originales del fraude de las patentes acaban de ser enviadas a la fiscalía general. Vuestro imperio de mentiras se ha terminado hoy.
”Vuestro imperio de mentiras se ha terminado hoy.