Venganza · Ficción breve

La funcionaria que se infiltró en prisión para vengar a su hermana

La funcionaria que se infiltró en prisión para vengar a su hermana — Parte 2
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Anteriormente: Sara aceptó un trabajo como funcionaria de prisiones con un único y peligroso objetivo: descubrir quién empujó a su hermana pequeña al abismo tras las rejas.

Secretos bajo llave

La noche cayó sobre la prisión, pero el ambiente seguía cargado de una electricidad peligrosa. Sara realizaba la ronda de vigilancia nocturna por la galería de celdas individuales. Sus botas resonaban con un eco metálico en el pasillo en penumbra. Al detenerse frente a la celda de Begoña, se encontró con una mirada que ya no reflejaba derrota, sino un triunfo macabro. La reclusa se acercó lentamente a los barrotes, mostrando una sonrisa que heló la sangre de la funcionaria.

¿Crees que has ganado, sargento? No tienes ni idea del nido de víboras en el que te has metido. Tu hermana Lucía no se suicidó por mi culpa. Ella descubrió la verdad sobre tu origen... descubrió quién es tu verdadero padre.

Las palabras de Begoña cayeron como una losa de hormigón sobre Sara. La interna confesó que el director de la prisión, el señor Martín, un hombre respetado que había sido el protector de la familia de Sara durante años, era en realidad el padre biológico de ambas. Lucía había descubierto el escabroso secreto familiar y las pruebas de los abusos de poder del director dentro de la institución. Para silenciarla, el director había ordenado su muerte simulando un suicidio, utilizando a Begoña para vigilar que nadie interfiriera.

La funcionaria que se infiltró en prisión para vengar a su hermana

Con el corazón latiendo desbocado y la mente nublada por una mezcla de dolor y rabia destructiva, Sara abandonó la galería y se dirigió directamente al despacho del director. No le importaba perder su empleo ni violar los protocolos de seguridad. Necesitaba respuestas directas.

Al entrar sin llamar, el director Martín se mostró sorprendido, pero rápidamente adoptó una postura defensiva. Cerró la puerta con llave y se colocó detrás de su imponente escritorio de madera.

Sé lo que le hiciste a Lucía, y sé que eres nuestro padre. Se acabó el juego, Martín.

La mirada del director se volvió fría y despiadada. Abrió lentamente el cajón de su escritorio, revelando un arma de fuego reglamentaria mientras una sonrisa siniestra se dibujaba en su rostro.

Abrió lentamente el cajón de su escritorio, revelando un arma de fuego reglamentaria mientras una sonrisa siniestra se dibujaba en su ros…