Segundas oportunidades · Historia

La humilde joven que desafió a la alta sociedad frente al piano de su padre

La humilde joven que desafió a la alta sociedad frente al piano de su padre — Parte 2
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Anteriormente: Una humilde sirvienta interrumpe la gala más exclusiva de Madrid para tocar el piano. Nadie imagina el doloroso secreto que esconde en sus manos ni quién era su verdadero maestro.

La melodía de la traición

El murmullo de burlas cesó de golpe cuando los dedos de Lucía rozaron las teclas de marfil. No interpretó una melodía clásica común; en su lugar, comenzó a tocar una pieza de una complejidad técnica asombrosa y una melancolía desgarradora. Los acordes resonaron con una fuerza que hizo vibrar las copas de cristal de la alta sociedad. Era la "Sonata de la Ausencia", una composición inédita y dolorosamente hermosa.

Al escuchar las primeras notas, el rostro de Arturo de la Vega pasó de la burla a una palidez absoluta. Sus ojos se abrieron con horror y casi deja caer la copa de coñac que sostenía. Aquella era la obra maestra que él mismo planeaba registrar a su nombre al día siguiente, habiéndosela robado años atrás al padre de Lucía tras llevarlo injustamente a la ruina.

La humilde joven que desafió a la alta sociedad frente al piano de su padre
—¡Detengan esto inmediatamente! ¡Seguridad, saquen a esta impostora de mi casa! —bramó Arturo con una voz cargada de pánico, perdiendo por completo su habitual compostura aristocrática.

Dos guardias de seguridad corrieron hacia el piano, pero antes de que pudieran ponerle un dedo encima a la joven, una voz autoritaria resonó desde el fondo del salón.

—¡Un momento! Dejen que termine —ordenó el Duque de Albaida, el crítico musical más influyente de España y principal patrocinador del Conservatorio Real. Estaba visiblemente conmovido por la interpretación—. Esta música es sublime, Arturo. ¿Por qué quieres callarla?

Arturo sudaba frío, consciente de que su reputación pendía de un hilo. Helena, viendo la oportunidad de hacer justicia por su difunto padre, dio un paso adelante sosteniendo un viejo portafolios de cuero desgastado que contenía los manuscritos originales de la partitura.

—Esa melodía no le pertenece a don Arturo —anunció Helena con voz temblorosa pero clara—. Es la obra de nuestro padre, el maestro Manuel Soler, a quien este hombre robó y destruyó. Y aquí están las pruebas originales que lo demuestran.

Y aquí están las pruebas originales que lo demuestran.