La inocente que desafió a las mafias de la prisión para salvar a su hermana
Anteriormente: Aitana pensó que sobrevivir en prisión sería su mayor reto, pero cuando la líder del pabellón la tomó como objetivo, descubrió una conspiración que amenaba la vida de su hermana.
La sombra de la traición
La victoria en el pasillo, sin embargo, fue un arma de doble filo. Aitana sabía perfectamente que en Cruz del Norte el orgullo herido de una líder carcelaria se pagaba con sangre. Al caer la noche, un silencio sepulcral se apoderó del módulo. Las luces generales se apagaron, pero la tensión en el ambiente era casi palpable. Aitana permanecía despierta en su litera, con los ojos abiertos en la oscuridad, esperando lo inevitable.
De repente, el cerrojo de su celda emitió un leve chasquido metálico. La puerta se abrió despacio. Los funcionarios de guardia, sospechosamente ausentes de su puesto, habían facilitado el acceso. Tres sombras se deslizaron hacia el interior de la pequeña habitación. A la cabeza estaba la Susi, con el rostro desfigurado por el odio y sosteniendo un afilado punzón de metal de fabricación casera.

Aitana se incorporó de inmediato, pegando la espalda contra la fría pared de hormigón. Sabía que físicamente estaba en desventaja en un espacio tan reducido. Pero lo que no esperaba era la revelación que la Susi estaba a punto de confesarle antes de atacarla.
—¿Pensabas que esto era solo por unas toallitas, niñata? —susurró la Susi con una sonrisa macabra—. Tu cabecita vale mucho dinero fuera de aquí. Tu cuñado Roberto me ha pagado una fortuna para asegurarme de que nunca salgas viva de este penal.
Aquellas palabras cayeron sobre Aitana como un balde de agua helada. Roberto, el marido de su hermana mayor, era quien supuestamente lideraba su defensa legal desde el exterior. Él había sido quien insistió en que se declarara culpable de un fraude financiero que ella no había cometido, prometiéndole que la sacaría en pocos meses gracias a sus contactos. Todo había sido una trampa despiadada. Roberto la había incriminado para apoderarse de la herencia familiar y, ahora que Aitana amenazaba con hablar con el juez de vigilancia penitenciaria, quería silenciarla para siempre.
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