La marca oculta en el hombro de mi hija que reveló una verdad devastadora
Anteriormente: Cuando Alejandro descubrió un extraño dispositivo bajo el parche de su pequeña hija en la feria, no imaginó que la verdad detrás de esa marca desataría una peligrosa persecución familiar.
Los dos motociclistas se detuvieron a escasos metros, manteniendo los motores encendidos en un ralentí amenazante. El líder, un hombre de mirada gélida y una prominente cicatriz en la mejilla, se quitó el casco con parsimonia. Alejandro se puso de pie de inmediato, interponiendo su enorme cuerpo entre los recién llegados y su asustada hija, a quien instó a retroceder hacia donde estaban sus amigos.
Una decisión imposible
El hombre de la cicatriz miró a Alejandro con una sonrisa de superioridad que helaba la sangre. Su tono de voz era pausado, pero cargado de una violencia implícita que no admitía réplicas.

—Sabemos lo que tienes en las manos, Alejandro. Ese pequeño juguete que lleva tu hija contiene las claves de acceso a las cuentas de nuestra organización. Su madre pensó que podría robar y esconderse detrás de tu reputación. Se equivocó.
Alejandro apretó los puños, sintiendo cómo la ira acumulada amenazaba con desbordarse. Sin embargo, sabía que un paso en falso pondría en peligro la vida de Sofía. El líder de los motociclistas sacó un teléfono móvil de su bolsillo y activó la pantalla, mostrando una transmisión de video en tiempo real. Al otro lado de la línea, en una habitación lúgubre y amordazada, se encontraba Elena, la madre de Sofía.
—Tienes diez segundos para entregarnos el dispositivo y a la niña —sentenció el hombre, mostrando un arma oculta bajo su chaqueta—. Si intentas algo estúpido, tu exesposa no vivirá para ver el amanecer, y nosotros nos encargaremos de encontrar lo que buscamos por la fuerza.
El silencio se apoderó del estacionamiento, roto únicamente por el zumbido de las atracciones lejanas y el latido desbocado del corazón de Alejandro. Mateo y Hugo esperaban una señal de su líder, listos para iniciar un enfrentamiento que prometía ser sangriento. Alejandro miró a su hija, cuyos ojos suplicantes le pedían salvación, y luego a la pantalla del teléfono. El tiempo se agotaba rápidamente.
”Alejandro miró a su hija, cuyos ojos suplicantes le pedían salvación, y luego a la pantalla del teléfono. El tiempo se agotaba rápidamente.