Secretos de familia · Ficción breve

La medalla de mi padre ausente reveló el secreto que el general ocultó por años

La medalla de mi padre ausente reveló el secreto que el general ocultó por años — Parte 2
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Anteriormente: Una joven decidida desafía las reglas de un campo de tiro militar para mostrarle a un general implacable que el pasado que él intentó enterrar sigue muy vivo.

El silencio que siguió al disparo fue absoluto. Los soldados, que momentos antes se reían de Jésica, ahora la miraban con un respeto teñido de desconcierto. Mateo, con los puños apretados, dio un paso al frente sintiéndose humillado por la destreza de la joven. Sin embargo, antes de que pudiera articular palabra, la puerta de la torre de control se abrió de golpe y el General Vega descendió las escaleras a una velocidad impropia de su edad. Su semblante, habitualmente imperturbable, reflejaba una mezcla de ira y pánico.

—¿De dónde has sacado esa insignia? —exigió el general, deteniéndose a escasos centímetros de Jésica mientras ignoraba deliberadamente al resto de su unidad. Su voz, aunque intentaba sonar autoritaria, temblaba ligeramente por la emoción contenida.

La medalla de mi padre ausente reveló el secreto que el general ocultó por años

—Perteneció al sargento Manuel Torres —respondió Jésica con voz firme, sosteniendo la mirada del temido oficial sin mostrar un ápice de temor—. Mi padre. El hombre al que declaraste desertor para ocultar tu propia negligencia en la frontera hace quince años.

Una traición oculta

Los murmullos se extendieron rápidamente entre los soldados presentes. Manuel Torres había sido una leyenda en la unidad, y su supuesta deserción siempre había dejado dudas entre los veteranos. Vega, dándose cuenta de que la situación se le escapaba de las manos en público, ordenó inmediatamente a la policía militar que arrestara a la joven.

«Llévensela a las celdas de aislamiento. Es una intrusa y una amenaza para la seguridad nacional», sentenció con frialdad.

Mateo, al presenciar la injusticia y recordar la destreza técnica de Jésica, sintió que algo no encajaba. La medalla que ella sostía era una condecoración al valor que solo se otorgaba en circunstancias extremas de lealtad. ¿Por qué el general reaccionaba con tanto miedo ante una simple reliquia? Mientras los guardias sujetaban a Jésica por los hombros para arrastrarla fuera del campo de tiro, ella le gritó al general: «¡Tengo sus diarios, Vega! Todo el país sabrá lo que hiciste en aquella misión si no me dices dónde está mi padre ahora mismo». El general se detuvo en seco, sabiendo que su imperio de mentiras estaba a punto de desmoronarse.

El general se detuvo en seco, sabiendo que su imperio de mentiras estaba a punto de desmoronarse.