La melodía secreta que unió a una joven huérfana con su verdadero padre
Anteriormente: Lucía solo quería ser adoptada y tener un hogar, pero la misteriosa melodía que tocó en el piano desenterró un doloroso secreto del pasado que Tomás jamás pudo olvidar.
El secreto de las partituras
La revelación dejó a Tomás sin aliento. Sin mediar palabra, tomó a Lucía del brazo con delicadeza pero firmeza, guiándola hacia su despacho privado detrás del escenario. Aquel espacio, decorado con maderas nobles y retratos antiguos, se convirtió de inmediato en el escenario de una confrontación dolorosa. Tomás caminaba de un lado a otro, frotándose la frente, intentando asimilar lo que acababa de escuchar.
—Es imposible —murmuraba Tomás—. Elena desapareció hace dieciocho años. Me dejó una carta diciendo que no me amaba y que se marchaba del país. Busqué por todas partes, pero fue como si la tierra se la hubiera tragado.
Lucía, manteniendo la compostura, abrió su viejo bolso de tela y extrajo un gastado cuaderno de partituras de cuero marrón. Se lo extendió al hombre con manos temblorosas.

—Mi madre nunca te olvidó, Tomás. Ella falleció en la pobreza extrema hace tres años, pero me hizo jurar que cuando cumpliera la mayoría de edad vendría a buscarte. En este cuaderno no solo hay música.
Con dedos temblorosos, Tomás abrió el cuaderno. Entre las páginas amarillentas, descubrió un compartimento oculto en el forro de cuero. Al abrirlo, cayeron al suelo varias cartas y un documento oficial. Eran cartas de amenaza firmadas por Alejandro, el propio hermano mayor de Tomás y su socio comercial.
En ese preciso momento, la puerta del despacho se abrió con violencia. Alejandro entró en la habitación con el rostro desencajado. Al ver el cuaderno de partituras en manos de su hermano, su habitual arrogancia se transformó en puro pánico.
—¿Qué está pasando aquí? Tomás, no dejes que esta impostora te llene la cabeza de mentiras. Solo busca tu dinero —exclamó Alejandro, intentando acercarse al escritorio para arrabatar los documentos.
Pero Tomás ya estaba leyendo las cartas. Su rostro se tornó de una palidez mortal al comprender la magnitud de la traición de su propio hermano.
”Su rostro se tornó de una palidez mortal al comprender la magnitud de la traición de su propio hermano.