Secretos de familia · Historia

La misteriosa moneda que un niño me entregó en mi bar de motociclistas

La misteriosa moneda que un niño me entregó en mi bar de motociclistas — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Cuando un pequeño de ocho años entró corriendo a mi bar de motociclistas, nunca imaginé que la extraña moneda que llevaba en su mano revelaría el mayor secreto de mi pasado.

La moneda de plata con el relieve de la corona y el rubí central brillaba bajo las luces del bar. Para cualquier extraño, era una simple pieza de colección, pero para Héctor era un recordatorio de una deuda de vida. Años atrás, antes de retirarse a esta pacífica vida de carretera, Héctor había sido rescatado de una muerte segura por el mismísimo John, un hombre legendario en el bajo mundo. Al entregarle esa moneda, Héctor había jurado proteger a su linaje si alguna vez se lo pedían.

El juramento de sangre se activa

—Esconde al niño detrás de la barra, ahora mismo —ordenó Héctor a su segundo al mando, Carlos, mientras se ponía de pie de un solo movimiento. Su imponente figura se recortaba contra la luz, infundiendo un respeto absoluto en toda la sala.

La misteriosa moneda que un niño me entregó en mi bar de motociclistas

Apenas el pequeño estuvo a salvo, el ensordecedor rugido de varios motores modificados rompió el silencio de la carretera exterior. Tres camionetas negras de vidrios polarizados frenaron bruscamente frente al local. De ellas descendieron hombres armados, vistiendo trajes oscuros que contrastaban con el polvo del desierto.

El líder del grupo, un mercenario de mirada fría llamado Valerio, caminó con paso firme hacia la entrada del bar. En lugar de disparar de inmediato, golpeó la puerta de madera con la culata de su arma de asalto, sabiendo que Héctor no era un adversario común.

—¡Héctor! Sé que el cachorro está contigo —gritó Valerio desde el porche—. No arruines tu jubilación por un niño que no te pertenece. Entrégalo y nos iremos sin derramar una sola gota de sangre. Este no es tu problema.

Héctor miró a sus hombres. Aunque eran rudos y sabían defenderse, enfrentarse a un escuadrón de asesinos profesionales era una sentencia de muerte. Sin embargo, el honor de un motociclista y un juramento de sangre no se podían negociar.

—En este bar protegemos a los nuestros, Valerio —respondió Héctor con voz atronadora—. Y hoy, este niño está bajo mi protección. Da media vuelta si valoras tu vida.

Da media vuelta si valoras tu vida.