Traición · Historia

La mujer que me salvó en prisión ocultaba un impactante secreto sobre mi familia

La mujer que me salvó en prisión ocultaba un impactante secreto sobre mi familia — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Nadia fue acorralada en la lavandería de la prisión por una peligrosa reclusa, no esperaba que Verónica, la mujer más temida del penal, interviniera con una impactante revelación sobre su pasado.

La sombra de una traición compartida

Verónica extendió su mano callosa hacia Nadia y la ayudó a ponerse en pie. Mientras Nadia intentaba sacudirse el polvo químico de los ojos, Verónica le susurró unas palabras que la dejaron completamente helada:

—No te he salvado por caridad, Nadia. Tu exesposo, Esteban, nos debe una vida a muchos de nosotros.

Más tarde, durante la hora del patio, bajo un cielo plomizo y rodeadas de alambradas, Verónica reveló la verdad oculta. Esteban, el hombre que había incriminado a Nadia en un fraude multimillonario para salvar su propio pellejo, también había arruinado a la familia de Verónica años atrás. Su codicia había llevado al hermano menor de Verónica a la desesperación y al suicidio. Verónica había ingresado en prisión con un único propósito en mente: proteger a Nadia y destruir a Esteban desde adentro.

La mujer que me salvó en prisión ocultaba un impactante secreto sobre mi familia

Sin embargo, la tregua duraría muy poco. Al día siguiente, el comedor de la prisión se convirtió en una olla a presión. Berta, consumida por la humillación sufrida en la lavandería y respaldada por los guardias corruptos que Esteban había comprado con su inmensa fortuna, decidió cobrarse la venganza.

Acompañada de tres secuaces armadas con puntas de metal afiladas, Berta acorraló a Nadia y Verónica en una esquina del comedor. La tensión se elevó al máximo mientras las demás reclusas retrocedían en silencio, sabiendo que se desataría una tragedia.

—Hoy no saldréis vivas de aquí. Esteban pagó una buena suma por tu cabeza, Nadia, y me aseguraré de cobrarla —siseó Berta, blandiendo el metal afilado con los ojos inyectados en sangre.

Verónica dio un paso al frente, interponiéndose como un escudo humano, mientras Berta y sus secuaces se abalanzaban sobre ellas con intenciones mortales.

Esteban pagó una buena suma por tu cabeza, Nadia, y me aseguraré de cobrarla —siseó Berta, blandiendo el metal afilado con los ojos inyec…