La obsesión de su ex casi destruye mi embarazo, pero el destino hizo justicia
Una tarde de terror en el hospital
El frío del hospital de Sevilla siempre me había resultado incómodo, pero aquella tarde de primavera, el ambiente se sentía particularmente pesado. Mi nombre es Elena, y a mis veintiséis años, estaba viviendo el momento más feliz de mi vida: mi primer embarazo. Sin embargo, la felicidad es un cristal frágil que se rompe con el menor impacto. Mientras esperaba a mi esposo, Mateo, decidí caminar un poco por el pasillo de la planta de maternidad para calmar los nervios de mi revisión mensual.
De pronto, el silencio clínico se vio interrumpido por el eco metálico de unos tacones que se aproximaban a gran velocidad. Al darme la vuelta, el corazón se me encogió. Frente a mí estaba Valeria, la exnovia de Mateo, vistiendo un llamativo vestido naranja que contrastaba grotescamente con las paredes beige del corredor. Sus ojos reflejaban una locura desatada. Sin mediar palabra, me empujó con una fuerza descomunal. Caí al suelo, sintiendo un dolor punzante en mi vientre.

—¡Te lo mereces! —gritó Valeria con una frialdad inhumana, alzando su pie para patearme directamente en el abdomen.
—¡Mi bebé! —grité desesperada, encogiéndome para proteger la vida que crecía dentro de mí.
La agresión fue brutal, pero el destino no me abandonó. Desde una de las consultas contiguas, Mateo y una enfermera llamada Clara salieron corriendo al escuchar mis gritos de auxilio. El rostro de Mateo se descompuso al ver a su exnovia atacándome en el suelo.
—¡Para! ¿Qué estás haciendo? —bramó Mateo, interponiéndose entre nosotras mientras Clara empujaba a Valeria hacia atrás con firmeza.
—¡Atrás, estamos ayudándola! —sentenció Clara con voz autoritaria, bloqueando cualquier intento de Valeria por volver a golpearme.
Mateo se arrodilló a mi lado, tomándome en sus brazos mientras yo lloraba de dolor y terror. El pasillo del hospital se convirtió en un caos de gritos y pisadas rápidas, mientras la seguridad se aproximaba para detener a una Valeria que no dejaba de sonreír con malicia.
”El pasillo del hospital se convirtió en un caos de gritos y pisadas rápidas, mientras la seguridad se aproximaba para detener a una Valer…