Segundas oportunidades · Historia

La presa que arriesgó su libertad para salvar a una anciana indefensa

La presa que arriesgó su libertad para salvar a una anciana indefensa — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Sabrina vio a la indefensa Miriam al borde de la muerte en la cocina de la prisión, no dudó en actuar, desatando una guerra que cambiaría sus vidas para siempre.

El secreto tras los muros de piedra

Tras el violento altercado en la cocina, Sabrina fue arrastrada a las celdas de aislamiento. Sin embargo, para su sorpresa, la puerta de su celda no fue cerrada por un guardia hostil, sino por el mismísimo subdirector del penal, don Alejandro, un hombre cuya elegancia ocultaba una profunda frialdad. En lugar de un castigo físico, Alejandro la miró con una sonrisa cargada de ironía.

—Has cometido un error monumental, Sabrina —dijo Alejandro, cruzando los brazos—. Miriam no es la pobre anciana desvalida que aparenta ser. Ella es la viuda del contable de la organización criminal más grande de la costa. Su difunto esposo guardaba los registros de sobornos que involucran a jueces, políticos y, por supuesto, a la directiva de esta prisión. Ella sabe dónde están esos documentos.

La presa que arriesgó su libertad para salvar a una anciana indefensa

Sabrina sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Entendió de inmediato por qué Gertrudis había intentado ahogarla: no era una simple disputa de patio, sino un asesinato por encargo para silenciar para siempre la verdad. Si Miriam moría dentro de la cárcel, la corrupción seguiría reinando sin oposición alguna.

—Si me entregas a la vieja, tu condicional será aprobada mañana mismo —propuso Alejandro con voz tentadora—. Si decides seguir protegiéndola, me temo que tu estancia aquí será muy corta... y dolorosa.

Al ser liberada de aislamiento a la mañana siguiente, Sabrina buscó a Miriam en el patio. La anciana, con los ojos llenos de lágrimas, le confesó la verdad. Su esposo había sido asesinado y ella se había dejado atrapar para esconder la llave de una caja de seguridad dentro de la misma biblioteca de la prisión, el único lugar que los hombres de Alejandro aún no habían registrado minuciosamente. Sabrina comprendió que ya no había vuelta atrás: debían recuperar esa llave antes de que fuera demasiado tarde.

Sabrina comprendió que ya no había vuelta atrás: debían recuperar esa llave antes de que fuera demasiado tarde.