La presa que perdonó a su peor enemiga descubrió una traición imperdonable
El desafío en el patio de arena
El sol de mediodía caía implacable sobre el patio de la prisión provincial, un espacio árido encerrado por imponentes cercas de alambre de espino y concertinas que cortaban el cielo azul. Clara, vestida con el sencillo chándal gris reglamentario, respiraba hondo tratando de ignorar el sofocante calor. Ella no pertenecía a ese lugar hostil, pero una injusticia la había arrojado tras las rejas.
De pronto, el murmullo de las internas se apagó. Frente a ella se plantó Begoña, una reclusa de espaldas anchas y mirada turbulenta, famosa por resolver cualquier conflicto con los puños. Begoña comenzó a botar sobre sus pies, balanceando sus brazos con una agresividad evidente, buscando intimidar a la recién llegada.

—A ver cuántos golpes aguanta esa cara bonita —siseó Begoña con una sonrisa burlona.
A su alrededor, las demás presas formaron rápidamente un círculo humano, sedientas de violencia. Una de ellas, ansiosa por ver sangre, gritó desde el fondo:
—¡Dale una paliza! ¡Acaba con ella!
Begoña no esperó más y se lanzó al ataque con un derechazo feroz. Sin embargo, Clara, cuya agilidad sorprendió a todos, realizó un esquive perfecto hacia la izquierda. Aprovechando la guardia abierta de su oponente, lanzó una rapidísima combinación de golpes que impactaron en el torso de Begoña. La enorme mujer rugió de rabia y se abalanzó para atraparla, iniciando un peligroso forcejeo.
La tensión era insoportable mientras la multitud coreaba desesperada:
—¡Vamos! ¡Fuerte!
Con un movimiento técnico y preciso, Clara utilizó el propio impulso de Begoña para realizar un barrido de piernas impecable. El cuerpo de Begoña impactó fuertemente contra el suelo polvoriento, levantando una nube de tierra. Clara se mantuvo erguida, con la respiración agitada pero la mente clara. En lugar de continuar el ataque, extendió su mano derecha hacia su rival caída.
—Podemos terminar esto ahora mismo. Aquí no ha pasado nada —dijo Clara con voz firme y serena.
”Aquí no ha pasado nada —dijo Clara con voz firme y serena.