Segundas oportunidades · Ficción breve

La prisionera más peligrosa me salvó la vida cuando todos me dieron la espalda

La prisionera más peligrosa me salvó la vida cuando todos me dieron la espalda — Parte 2
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Anteriormente: Emilia pensó que su primer día en la prisión de San Pedro sería el último. Tras sufrir una brutal emboscada, una inesperada alianza cambió su destino para siempre.

Una trampa en la oscuridad

La humillación de Tara ante todo el patio no iba a quedar impune. En el ecosistema carcelario, el orgullo herido es un motor peligroso, y Tara no tardó en buscar venganza. Al día siguiente, Emilia encontró un trozo de papel arrugado bajo su bandeja de comida en el comedor. El mensaje era directo y devastador: si no se presentaba esa misma noche en las duchas viejas de la sección clausurada, su familia en el exterior sufriría las consecuencias.

Aterrorizada, Emilia sabía que no podía confiar en los guardias, quienes a menudo ignoraban los conflictos internos para evitar disturbios mayores. Desesperada, buscó a Lorena. Aunque la misteriosa protectora prefería mantener las distancias, algo en la mirada desamparada de Emilia tocó una fibra sensible en ella. Lorena leyó la nota, asintió con gravedad y le dio una sola instrucción: "Ve. Yo estaré allí".

La prisionera más peligrosa me salvó la vida cuando todos me dieron la espalda

A las ocho de la noche, el pasillo que conducía a las duchas abandonadas estaba sumido en una penumbra inquietante. El goteo constante del agua resonaba como un reloj de arena marcando el fin de su tiempo. Emilia entró con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Allí, esperándola en la oscuridad, estaba Tara, flanqueada por tres de sus aliadas más leales, armadas con armas blancas improvisadas.

"Pensaste que esa perra te protegería para siempre, ¿verdad? Aquí se acaba tu suerte", siseó Tara, mostrando una faca casera.

Emilia miró desesperadamente hacia la puerta trasera, pero estaba bloqueada. Lorena no aparecía por ningún lado, y el pánico comenzó a paralizar sus extremidades mientras las agresoras se cerraban a su alrededor, dispuestas a cobrarse la humillación con sangre.

Lorena no aparecía por ningún lado, y el pánico comenzó a paralizar sus extremidades mientras las agresoras se cerraban a su alrededor, d…