Segundas oportunidades · Historia

La prisionera que arriesgó su vida para salvar a una inocente del infierno

La prisionera que arriesgó su vida para salvar a una inocente del infierno — Parte 2
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Anteriormente: Ámbar sobrevivía en el patio de la cárcel sin meterse en problemas, hasta que ver a la nueva prisionera acorralada la obligó a desatar una guerra que cambiaría su destino para siempre.

Una conspiración entre rejas

La aparente victoria en el patio no trajo paz, sino una tensa calma que presagiaba lo peor. Al caer la noche, las luces del módulo se apagaron, pero el peligro apenas comenzaba. Ámbar compartía celda con Lucía, quien no dejaba de temblar en la litera inferior. El silencio de la prisión fue interrumpido por el chirrido metálico de la puerta de su celda abriéndose sigilosamente. No era el recuento nocturno rutinario.

En el umbral apareció Alba, escoltada por tres de sus secuaces. Detrás de ellas, observando con indiferencia desde la penumbra del pasillo, se encontraba la sargento Benítez, la jefa de seguridad del penal. Ámbar se incorporó de inmediato, con los puños cerrados y el cuerpo en tensión al ver que Alba sosteniendo un punzón metálico afilado en su mano derecha. La complicidad de la guardia confirmaba que no se trataba de una simple venganza entre presas.

La prisionera que arriesgó su vida para salvar a una inocente del infierno

Antes de que Alba pudiera dar un paso, Lucía se interpuso valientemente entre la agresora y Ámbar. Su voz, aunque trémula, resonó con una firmeza inesperada en la pequeña celda de hormigón.

—¡No la toques! —exclamó Lucía—. Sé perfectamente por qué estás aquí, Alba. El director del penal te pagó para deshacerte de mí antes de que hable con el juez.

Ámbar miró a la joven, confundida y asombrada por la revelación. Lucía se giró rápidamente hacia ella, con lágrimas de desesperación corriendo por sus mejillas.

—Ámbar, no estoy aquí por casualidad. Yo era la secretaria del abogado que te tendió la trampa. Tengo las grabaciones que demuestran que tú no mataste a tu hermano. Ellos lo planearon todo y me encerraron para callarme.

La sargento Benítez, al escuchar aquello, dio un paso al frente con el rostro desencajado por el pánico. Sabía que si esa información salía a la luz, todos acabarían en celdas de máxima seguridad.

—Acabad con las dos ahora mismo —ordenó la sargento con frialdad—. Que parezca una pelea interna.

Sabía que si esa información salía a la luz, todos acabarían en celdas de máxima seguridad.—Acabad con las dos ahora mismo —ordenó la sar…