La protectora inesperada que arriesgó todo para salvar a una inocente tras las rejas
El patio de los lamentos
El cielo sobre el patio de la prisión parecía una losa de hormigón gris, reflejando perfectamente el desolador panorama que rodeaba a Claudia. Con una camiseta de color canela que le quedaba alarmantemente grande, se sentía como una presa fácil en un estanque lleno de depredadores. Apenas llevaba veinticuatro horas entre aquellos muros y ya comprendía que la supervivencia allí dentro se medía en segundos.
De repente, el paso de Claudia fue bloqueado por una presencia imponente. Sara, una reclusa de mirada gélida y cabello trenzado con una precisión militar, la acorraló contra una pared descascarillada, justo al lado de un banco de hierro oxidado. Sus cómplices se posicionaron rápidamente a los lados, cerrando cualquier vía de escape.

No cruzas mi patio sin pagar el peaje, niñita.
La voz de Sara era un susurro cargado de veneno. Claudia dio un paso atrás, golpeando la dura pared con su espalda. El pánico amenazaba con paralizarla por completo.
Ni siquiera sé qué significa eso... No tengo nada que darte.
Sara sonrió con desdén, acortando la distancia entre ambas. Pero antes de que pudiera levantar la mano para golpear a la recién llegada, una silueta delgada e imponente se interpuso en su camino. Era Blanco. Con el cabello negro rapado y una postura que irradiaba una confianza letal, Blanco se plantó frente a la agresora.
Esto no es asunto tuyo, Blanco. Lárgate antes de que te arrepientas.
Blanco no retrocedió ni un milímetro. Al contrario, levantó los puños con una serenidad pasmosa y la desafió directamente.
Entonces haz que lo sea.
En un abrir y cerrar de ojos, la secuaz de Sara lanzó un golpe directo al rostro de Blanco. Con reflejos sobrehumanos, Blanco esquivó el puñetazo agachándose rápidamente y ejecutó un contraataque fulminante que derribó a su rival al suelo. El patio contuvo el aliento. Blanco se giró hacia Claudia, dándole un último consejo antes de alejarse con total indiferencia:
Pégate a la pared cuando pasen las funcionarias. Siempre.
”Blanco se giró hacia Claudia, dándole un último consejo antes de alejarse con total indiferencia:Pégate a la pared cuando pasen las funci…