La reclusa que arriesgó su libertad para salvar a una inocente en prisión
Anteriormente: Claudia pensó que su sentencia en prisión sería el fin de sus días, pero cuando las garras de la líder del patio se cerraron sobre ella, una misteriosa protectora cambió las reglas del juego.
La sombra de la venganza
A partir de esa tarde, la vida de Claudia en prisión cambió radicalmente. Blanco, cuyo verdadero nombre era Alba, no solo la había salvado de una paliza, sino que decidió tomarla bajo su protección. A cambio de enseñarle a limpiar las cocinas con rapidez, Alba le mostraba las reglas no escritas de la supervivencia carcelaria. Descubrieron que compartían más de lo que pensaban: Alba tenía una hija pequeña afuera y estaba a las puertas de obtener el tercer grado para volver con ella. Solo necesitaba mantener su expediente limpio durante dos meses más.
Sin embargo, en un lugar gobernado por el rencor, las deudas de honor nunca se olvidan. Sara había quedado en evidencia delante de todo el módulo, y su orgullo herido exigía una retribución de sangre. Sabía que no podía vencer a Alba en un enfrentamiento directo, por lo que decidió utilizar una estrategia mucho más sucia y destructiva.

Una tarde, mientras Claudia ordenaba las sábanas en la lavandería del sótano, una de las aliadas de Sara se le acercó con una sonrisa maliciosa. Le susurró que Sara había conseguido plantar una cantidad significativa de sustancias prohibidas en la celda de Alba, y que el chivatazo a la dirección del centro ya estaba programado para esa misma noche. Si los guardias encontraban el alijo, el sueño de Alba de ver a su hija se desvanecería para siempre, enfrentándose a una nueva condena de varios años.
El pánico paralizó a Claudia. No podía permitir que la única persona que había mostrado humanidad con ella lo perdiera todo por su culpa. Corrió por los pasillos húmedos hacia la lavandería industrial, buscando desesperadamente a Alba para advertirla. Pero al empujar la pesada puerta metálica, descubrió que era demasiado tarde. Sara y sus secuaces ya la tenían acorralada contra las ruidosas lavadoras, y en la mano de Sara brillaba el reflejo de un destornillador afilado.
”Sara y sus secuaces ya la tenían acorralada contra las ruidosas lavadoras, y en la mano de Sara brillaba el reflejo de un destornillador…